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La sala de juegos

Tema en 'Relatos extensos (novelas...)' comenzado por Azulzurita, 19 de Marzo de 2020. Respuestas: 3 | Visitas: 33

  1. Azulzurita

    Azulzurita Volar soñando..Crear amando

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    En uno de los tantos jardines de infantes que existían en la ciudad, recuerdo imaginar una gran amistad, esto sucedía cuando terminaba el recreo, los pequeños volvían a sus hogares y se apagaban las luces en la generosa sala de juegos.
    En el silencio entonces sucedía lo imposible. Así fue como se juntaron a conversar, una pelota muy colorida y una pequeña silla de madera.
    Que tendrán en común estas dos pensarán, pues yo no lo creía tampoco, pero esto sucedió.
    Ambas decidieron compartir entre ellas sus anécdotas.
    Todo comenzó cuando la pelota dijo...
    -Sabes pequeña silla ahora que estamos solas y en confianza, te cuento, lo he pasado muy bien, por ser mi primer día en este lugar, los niños me han hecho divertir mucho y yo por supuesto a ellos, en un momento llegué a tocar el techo, y aquél niño que me lanzó tan alto, comenzó a reír a carcajadas, me sentí realmente muy orgullosa!.
    La silla no comprendía del todo, como es que tanta adrenalina podía hacer feliz a la pelota, y no asustara los niños, sintió recelo de la cuota extra de energía de aquella, tanto como el efecto de alegría que producía en los pequeños, esta con cierta incredulidad no queriendo ser menos dijo...
    -Yo también me sentí orgullosa!, sostuve a una niña que armó un hermoso rompecabezas, se quedó un buen rato pensando donde podía encajar cada pieza, pero lo consiguió, me sentí muy feliz al verla reír por haberlo logrado.
    La pelota entonces miró sorprendida a la silla, no entendía como una persona podía estar tan quieta y a gusto sobre ésta, -la esencia de la vida no es acaso ¿estar en movimiento?- Se pregunto y se dijo. -¿A quién le gusta la quietud?, aquello debe ser muy aburrido.
    Sin embargo sintió celos de la silla, que a pesar de ser tan estática, había conseguido con poco o nada de esfuerzo, que una niña se interesara en compartir una actividad con ella.
    Fue cuando a la pelota, se le ocurrió proponer un desafío a la silla.
    Dijo a ésta...
    -Te propongo que al final del mes, evaluemos quién resulta mejor para las niñas y niños, quien los hace realmente mas felices, ¿te parece?.
    -¿Quieres competir conmigo pelota? ¿porqué? ¿adónde quieres llegar?.
    A lo que la pelota respondió...
    Sólo es un juego, quiero saber a quién prefieren los pequeños, por simple curiosidad.
    Si esto es una competencia o un juego- dijo la silla-, como tu lo llames, estoy dispuesta a jugarlo, yo también deseo saber que los hace mas felices.
    Entonces cuando se encendían las luces, la pelota ofrecía lo mejor de si, sus piruetas entretenían sobre manera a los niños, por su lado la silla los invitaba a pensar, conversar y descansar del intenso juego que ofrecía la pelota.
    Ya a finales del mes, todo había transcurrido bastante rápido, pero rutinario, sin embargo la pelota seguía manteniendo su postura, tanto como su energía, alardeando sobre sus capacidades y de lo feliz que era, y cada vez era menor la cantidad de niños que querían sentarse en la pequeña silla, que generalmente terminaba con el respaldo en el suelo.
    Fue entonces que la pelota se sintió fuerte y vencedora, pero a pesar de su triunfo, ver a la silla triste, no sabía porque, no le hacía ninguna gracia, aunque lo negara.
    Se dio cuenta que haber compartido tanto tiempo juntas, se había vuelto entre ellas casi una amistad, irreemplazable tanto como distinta.
    Una noche desprevenida, sorprendió la pelota a la silla, la cargó sobre su redondo cuerpo y la hizo recorrer toda la sala, la silla primero se asustó, la pelota por lo contrario estaba eufórica, saltando con la silla encima suyo, riendo a carcajadas, que no tardaron en contagiar a la silla, que pudo soltarse y reír con esta.
    Desde ese día la silla prometió dejar a un lado la melancolía, entendiendo que los niños deben ser libres para elegir con quién jugar y cuando hacerlo, comprendió que son tan necesarias en el mundo las pelotas como las sillas, por lo que no era necesario competir.
    La pelota se sintió contenta por hacer feliz a su amiga, nunca había experimentado ese tipo de alegría, pero se lo reservó muy dentro suyo.
    Conforme fue transcurriendo el tiempo, la pelota dejó de sentir pasión por aquellos juegos, había comprendido y experimentado una nueva forma de crecimiento, que le hacía ver la realidad desde otra perspectiva, ya no era todo diversión, o por lo menos no era esa la forma de divertirse y entretener que ahora ansiaba buscar, aunque no supiera donde la encontraría, no podría escapar de su naturaleza, tampoco se le ocurriría hacerlo, ella no era una silla, no lo podría ser nunca, aunque admirara a su amiga, ella deseaba ser quién era, pero mejor de lo que era.
    La pelota aunque colorida por fuera, no soportó mas el acelerado ritmo de aquellos juegos, y la pena hizo que parcialmente se desinflara, los niños la lanzaban y esta ya no podía elevarse como solía hacerlo, por lo que los pequeños solían optar por otros juegos.
    La silla ya para entonces su fiel amiga, al detectar lo que le sucedía a la pelota, decidió ayudarla, sin saber exactamente de que manera, pero se las ingenió para quedarse en un rincón, la idea era hacerse invisible para el salón de juegos, mas estática que de costumbre y menos que interesante, para no invitar a nadie a sentarse en ella. Se volvió apática en el mundo del juego, tal vez así, la pequeña pelota también relegada llegue de alguna manera hasta ella y así consiga cuidarla, antes que alguien se deshaga o reemplace por otra.
    Fue entonces cuando sucedió el milagro.
    Un niño alzó la pelota parcialmente desinflada y magullada, y sin saber que hacer con ella, miró a su alrededor y vio a la arrinconada silla, entonces la dejó sobre ésta para luego olvidarla y continuar jugando.
    La pelota se sintió agradecida reconfortada sobre la silla, por fin experimentaba en su cuerpo lo que era la quietud, se sintió plena junto a su amiga, se dedicaron profundas e interesantes conversaciones durante los días consecutivos, afianzando aún mas su amistad, invisibles para la sala de juegos.
    Un día, cuando los niños liberados de sus actividades por vacaciones retornaban a sus hogares, esa misma noche, fueron encontradas en ese rincón por el conserje del jardín, cubiertas de polvo y en des huso, las pequeñas amigas, fue así que este las entregó para ser recicladas, como se acostumbraba en ese jardín, la donación o reciclaje de aquello que ya no se usaba o se echaba a perder.
    Fue así que la pelota se transformó en pelota de pileta en una casa de familia donde consiguió su objetivo, encontrando la felicidad.
    La silla se transformó en cómoda silla de una biblioteca, disfrutando también agradecida y alegremente de los entusiasmados lectores.
    Pero...cuando se apagan las luces, en la soledad y quietud de la noche...
    Ambas silla y pelota, recuerdan mutuamente la amistad que las hizo crecer y que jamás han de olvidar.
     
    #1
  2. Martín José

    Martín José Poeta adicto al portal

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    Este hermoso y sentimental relato me llevó a pensar en mis amigos de juventud, que hoy a pesar del tiempo y la distancia comparten aún mis nostálgicos recuerdos.
    Muy bonito !
    Besote
     
    #2
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  3. Azulzurita

    Azulzurita Volar soñando..Crear amando

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    Gracias Martín, la amistad, después de la familia, el segundo pilar mas importante de nuestras vidas. Un afectuoso saludo
     
    #3
  4. Ligia Calderón Romero

    Ligia Calderón Romero Moderadora foro: Una imagen, un poema Miembro del Equipo

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    Saludos Azulzurita, así como estas dos entrañables amigas, alguna amistad de infancia y en el transcurso del tiempo conservamos muy dentro del alma, qué grata lectura nos regalas, un fuerte abrazo y mi agradecimiento por la bella lectura, con todo respeto,

    ligiA
     
    #4

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