Maktú
Poeta que considera el portal su segunda casa
Mi sangre me enseñó con su desvelo
cuidar lo que la Vida me ha otorgado,
tender la mano franca a quien amado
le pone a mi mirar la Luz del Cielo.
Mi sangre me hizo andar y andar al vuelo
llegando más allá de aquel collado;
candente me enseñó que enamorado
es cuando el esternón fecunda el suelo.
Fue toda su virtud su buen sentido,
el rojo natural que me llevaba
al sitio donde encuentro al Dios perdido
Mi sangre me enseñó darle a la aldaba,
abrir el corazón a lo escondido,
dejándome atisbar que nada acaba.
cuidar lo que la Vida me ha otorgado,
tender la mano franca a quien amado
le pone a mi mirar la Luz del Cielo.
Mi sangre me hizo andar y andar al vuelo
llegando más allá de aquel collado;
candente me enseñó que enamorado
es cuando el esternón fecunda el suelo.
Fue toda su virtud su buen sentido,
el rojo natural que me llevaba
al sitio donde encuentro al Dios perdido
Mi sangre me enseñó darle a la aldaba,
abrir el corazón a lo escondido,
dejándome atisbar que nada acaba.
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