Las risas de los risueños dioses,desplegadas en el éter puro de un firmamento azulado,imponen respeto a los píos mortales,los cuales realizan libaciones de leche y miel en los altares musgosos situados en los infinitos bosques de cedros.Allí la teofanía trágica del dios Dionisos infunde inmaculado éxtasis a sus mediadores los magos griegos,los cuales saben que están obligados a postrarse de hinojos para no despertar la iracundia del Alíseo. Éste,coronado con una guirnalda de oro puro y con un peplo de diamantes,porta una copa a rebosar de vino tinto.Está sereno en medio de su radiación de nimbeado y sacro fuego astral.Se levanta de su trono de hiedra consumido y realiza con señero gesto de su mano izquierda un severo ademán de ser obedecido al instante:quiere una mujer mortal para realizar santa cópula y así transmigrar esencia divina a un futuro vástago...mitad hombre, mitad dios.Los hierofantes,desconcertados por el bravío empeño del numen eternal,no se oponen:arrojan violentamente al suelo de zarzas enmarañado una bellísima damisela de ojos verdes como la eterna naturaleza y la desnudan para el coito.Una vez consumado el acto,ya no es virgen la hembra desflorada,y la guardan celosos dos sátiros en el intermedio de una noche de aspecto siniestro.