Dulce Miseria
Poeta recién llegado
Me someten, me imponen.
-Calla, por favor, para-. gritas desesperada.
No cesan. Adoran llevarte a los limites de la cordura.
Un rojo carmesí parece calmar el profundo desasosiego.
El agobio desaparece, pero la desesperación pronto te atrapa.
Y contemplas el seductor color que desparramas, te hipnotiza, te sumerge.
Das cuenta que no haz podido derrotar, caes vencida frente a la culpa.
¡Culpa, si, culpa!
Te torturas por no poder contra la oscuridad que te consume.
Deja que te lleve ese engaño de libertad que te ofrece, sabiendo que estarás presa una vez más del dolor.
Mañana sí, quizás mañana venzas.
-Calla, por favor, para-. gritas desesperada.
No cesan. Adoran llevarte a los limites de la cordura.
Un rojo carmesí parece calmar el profundo desasosiego.
El agobio desaparece, pero la desesperación pronto te atrapa.
Y contemplas el seductor color que desparramas, te hipnotiza, te sumerge.
Das cuenta que no haz podido derrotar, caes vencida frente a la culpa.
¡Culpa, si, culpa!
Te torturas por no poder contra la oscuridad que te consume.
Deja que te lleve ese engaño de libertad que te ofrece, sabiendo que estarás presa una vez más del dolor.
Mañana sí, quizás mañana venzas.