La selva se entristece

Hejaran

Poeta asiduo al portal
LA SELVA SE ENTRISTECE

La selva parecía
dormida, arrullada
por sus múltiples
ruidos; muchos años
antes me parecía
haber vivido y visto
la misma escena,
sólo que aquella vez
tenía una ilusión
muy pasajera.

Treinta años después
veo la misma selva
por la cual corren
como de afán los
arroyos, se destrozan
los depredadores y
huyen las piezas
fáciles, como las
gacelas, buscando
escapar para llegar
hasta la humedad
que requiere la vida.

Y la selva sigue
ahí engrosando
y envejeciendo.

Majestuosos árboles
que, para sostenerse,
descuelgan desde las
alturas pequeños
bejucos, que al tocar
la tierra empiezan a
engrosar hasta
convertirse en el
soporte de estos
gigantes de la
naturaleza que
sólo Dios cuida
para oxigenar la vida.

Ya mayor vuelvo
a la selva y la
encuentro un poco
triste, ya no es tan
verde su verdor,
ni mi ilusión es
pasajera.

Quise volver a verte
para saber si te
conservabas bella.

Te noto desmejorada
y triste será que ambos
hemos envejecido
y día a día mi vida
se marchita.

Veo que tus
árboles han tocado la
cúspide y se empiezan
a arrodillar para no
morir de pie.

Como los valientes,
o como puede morir
mi ilusión, o apagar
mi vida.
 
Última edición:
Bellos y sentidos versos a un paisaje de la naturaleza que demuestra fehacientemente el cambio que provoca el hombre a la naturaleza, a quien debiera cuidar y amar. Un placer haber pasado por este testimonio de la catastrofe que se nos acerca a pasos agigantados. Un gran abrazo y miles de besos.
 
aSÍ ES LA VIDA EL CAMINO ES UNO CUANDO PARTIMOS Y ES OTRO CUANDO VOLVEMOS, INTERESANTE.
 
LA SELVA SE ENTRISTECE

La selva parecía
dormida, arrullada
por sus múltiples
ruidos; muchos años
antes me parecía
haber vivido y visto
la misma escena,
sólo que aquella vez
tenía una ilusión
muy pasajera.

Treinta años después
veo la misma selva
por la cual corren
como de afán los
arroyos, se destrozan
los depredadores y
huyen las piezas
fáciles, como las
gacelas, buscando
escapar para llegar
hasta la humedad
que requiere la vida.

Y la selva sigue
ahí engrosando
y envejeciendo.

Majestuosos árboles
que, para sostenerse,
descuelgan desde las
alturas pequeños
bejucos, que al tocar
la tierra empiezan a
engrosar hasta
convertirse en el
soporte de estos
gigantes de la
naturaleza que
sólo Dios cuida
para oxigenar la vida.

Ya mayor vuelvo
a la selva y la
encuentro un poco
triste, ya no es tan
verde su verdor,
ni mi ilusión es
pasajera.

Quise volver a verte
para saber si te
conservabas bella.

Te noto desmejorada
y triste será que ambos
hemos envejecido
y día a día mi vida
se marchita.

Veo que tus
árboles han tocado la
cúspide y se empiezan
a arrodillar para no
morir de pie.

Como los valientes,
o como puede morir
mi ilusión, o apagar
mi vida.
Un viva por tus letras hacia la naturaleza, si que es verdad que envejece, mejor dicho la envejecemos por no cuidarla bien, tendríamos que ser más conscientes de los aportes que nos da, pero eso muchos no lo piensan, me alegro de pasar por tu espacio, saludos y estrellas, Ricardo.
 

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