La senda perdida-.

BEN.

Poeta que considera el portal su segunda casa
Regresé de un entorno lejano,

miraba, no sé el horizonte

tan amplio: aves, crepúsculos, sombras

gestuales de una mísera barraca reemplazada.

Retornaba galante por las avenidas dispersas;

mi cuerpo tanteaba las llaves con arremetidas

de viento, mis bolsillos, mis labios, eran remolinos

inquietos que fabricaban las nubes de un cielo convexo.

Volví eterno la mirada hacia la infancia;

algo en ella, tan distante, tan lejana, todavía

crepitaba. Una erupción de sombrías alamedas,

un conjunto de pendientes con sus luces de tranvías.

Un pasadizo, la luz de la memoria, que nos acecha

constantemente en días de holgura celeste. Como una patena

de sacristía, la carretera, tan límpida.

Y el horizonte, como en la tarjeta de presentación

de un nigromante, consumado-.



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