Lírico.
Exp..
La siembra
Imagino que el tiempo nos cincela
no sólo en lo que atañe al deterioro
del cuerpo, a sus achaques, sino al hecho
de un tipo de carácter que se oculta
más allá de palabras o de acciones;
la delicada forma de una herencia
en una habitación desmantelada;
el centro de uno mismo entre las cosas
que no se pueden ver, y que son nuestras
a pesar de este mundo y su intemperie.
Haber atesorado esa experiencia
que apenas brilla suave en la penumbra
secreta de la vida es algo extraño,
por cuanto ha de ser huérfana algún día;
materia del olvido envuelta en niebla;
grisalla sin nosotros y abandono.
Proceso de las sombras, breve estatua
anclada en un jardín sin sus contornos,
el tiempo nos concede ese destino
de náufrago en la orilla del silencio:
aquello que se erige no es de nadie
a menos que sepamos transmitirlo.
A mi generación se ha encomendado
la terrible tarea de ser solo
un espejismo abierto sobre el campo;
el humo transparente de la sangre;
campana de una escuela sin maestro
ni mesa con manzana ni pizarra
donde soñar la historia hacia adelante.
Baldío territorio, tristemente
se avienen voluntades a rendirse
sobre la blanda tela del cansancio:
yo quiero destrozar el lienzo seco
para sembrar futuro y dar más luz.
Imagino que el tiempo nos cincela
no sólo en lo que atañe al deterioro
del cuerpo, a sus achaques, sino al hecho
de un tipo de carácter que se oculta
más allá de palabras o de acciones;
la delicada forma de una herencia
en una habitación desmantelada;
el centro de uno mismo entre las cosas
que no se pueden ver, y que son nuestras
a pesar de este mundo y su intemperie.
Haber atesorado esa experiencia
que apenas brilla suave en la penumbra
secreta de la vida es algo extraño,
por cuanto ha de ser huérfana algún día;
materia del olvido envuelta en niebla;
grisalla sin nosotros y abandono.
Proceso de las sombras, breve estatua
anclada en un jardín sin sus contornos,
el tiempo nos concede ese destino
de náufrago en la orilla del silencio:
aquello que se erige no es de nadie
a menos que sepamos transmitirlo.
A mi generación se ha encomendado
la terrible tarea de ser solo
un espejismo abierto sobre el campo;
el humo transparente de la sangre;
campana de una escuela sin maestro
ni mesa con manzana ni pizarra
donde soñar la historia hacia adelante.
Baldío territorio, tristemente
se avienen voluntades a rendirse
sobre la blanda tela del cansancio:
yo quiero destrozar el lienzo seco
para sembrar futuro y dar más luz.
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