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La silla de la abuela

Pedro Olvera

#ElPincheLirismo
A la pobre silla de la abuela se le ha roto
una pata,
no puede caminar.
Por la ventana se cuela una bocanada
de luna partida a la mitad

y en el piso se cuaja un charco de leche,
con la pierna de madera a un lado
como si desangrase en ligeras notas de plata.

La silla nunca supo que la abuela murió
hace casi treinta años. Tampoco la abuela.
La dejó en la orfandad de un rincón,
con su cojinete de raso henchido de plumas,
y ya nunca quiso salir.
¡Es tan peligroso el aire frio,
el aceite hirviendo del sol!
Se quedó soltando suspiros de serrín,
y un leve crujido de ausencia alguna vez.

Pero la abuela nunca volvió,
aunque siempre lo quiso, y quizás aún.
Ellos le dijeron que le cortarían el pie
porque la gangrena se lo estaba comiendo.
A la gangrena y a la abuela

les gustaba el azúcar mascabado.

No, dijo ella, yo quiero irme a mi casa.
Quiero hacer un mole de pavo
para mis hijos, y sentarme en mi silla
y ver comer a mis nietos.
¿Pero, quién hace caso de los ancianos?

La abuela no dejó que le amputaran nada.
Apagó dignamente sus ojos con una lágrima
y deshabitó su ser una mañana de mayo.

A veces la abuela creía que su silla de abeto
era un perro galgo, y la miraba feliz
correr por el monte.
Nunca nadie volvió a escuchar a la silla
dar tal ladridos de libertad.

13 de febrero de 2023
 
Última edición:
La dignidad de la abuela es admirable... yo hubiera hecho lo mismo. Aferrarse a la vida sin una "pata" realmente es como vivir en el exilio de la complejidad.
Me gusto el escrito, compañero Pedro... profundo y con mucha humanidad
Saludos, poeta... un abrazo
 
A la pobre silla de la abuela se le ha roto
una pata,
no puede caminar.
Por la ventana se cuela una bocanada
de luna partida a la mitad

y en el piso se cuaja un charco de leche,
con la pierna de madera a un lado
como si desangrase en ligeras notas de plata.

La silla nunca supo que la abuela murió
hace casi treinta años. Tampoco la abuela.
La dejó en la orfandad de un rincón,
con su cojinete de raso henchido de plumas,
y ya nunca quiso salir.
¡Es tan peligroso el aire frio,
el aceite hirviendo del sol!
Se quedó soltando suspiros de serrín,
y un leve crujido de ausencia alguna vez.

Pero la abuela nunca volvió,
aunque siempre lo quiso, y quizás aún.
Ellos le dijeron que le cortarían el pie
porque la gangrena se lo estaba comiendo.
A la gangrena y a la abuela

les gustaba el azúcar mascabado.

No, dijo ella, yo quiero irme a mi casa.
Quiero hacer un mole de pavo
para mis hijos, y sentarme en mi silla
y ver comer a mis nietos.
¿Pero, quién hace caso de los ancianos?

La abuela no dejó que le amputaran nada.
Apagó dignamente sus ojos con una lágrima
y deshabitó su ser una mañana de mayo.

A veces la abuela creía que su silla de abeto
era un perro galgo, y la miraba feliz
correr por monte.
Nunca nadie volvió a escuchar a la silla
dar tal ladridos de libertad.

13 de febrero de 2023
Yo anduve por aquí esta mañana y pensé todo el día en la abuela, en su dignidad, en que quiero ser como ese perro galgo...
Volví nomás pa decírtelo; lo demás ya lo sabes, ¿verdad?
:*) ♡
 
A la pobre silla de la abuela se le ha roto
una pata,
no puede caminar.
Por la ventana se cuela una bocanada
de luna partida a la mitad

y en el piso se cuaja un charco de leche,
con la pierna de madera a un lado
como si desangrase en ligeras notas de plata.

La silla nunca supo que la abuela murió
hace casi treinta años. Tampoco la abuela.
La dejó en la orfandad de un rincón,
con su cojinete de raso henchido de plumas,
y ya nunca quiso salir.
¡Es tan peligroso el aire frio,
el aceite hirviendo del sol!
Se quedó soltando suspiros de serrín,
y un leve crujido de ausencia alguna vez.

Pero la abuela nunca volvió,
aunque siempre lo quiso, y quizás aún.
Ellos le dijeron que le cortarían el pie
porque la gangrena se lo estaba comiendo.
A la gangrena y a la abuela

les gustaba el azúcar mascabado.

No, dijo ella, yo quiero irme a mi casa.
Quiero hacer un mole de pavo
para mis hijos, y sentarme en mi silla
y ver comer a mis nietos.
¿Pero, quién hace caso de los ancianos?

La abuela no dejó que le amputaran nada.
Apagó dignamente sus ojos con una lágrima
y deshabitó su ser una mañana de mayo.

A veces la abuela creía que su silla de abeto
era un perro galgo, y la miraba feliz
correr por monte.
Nunca nadie volvió a escuchar a la silla
dar tal ladridos de libertad.

13 de febrero de 2023


Sensible, afectivo, profundo, recordar es volver a vivir" dicen incansablemente algunos, y algunos, ya solo viven para recordar". Ellas, son personajes tan únicos, entrañables, irrepetibles, irremplazables... y tú poeta, le has dado vida incluso a sus objetos personales, necesarios y queridos en un escrito indudablemente hermoso y revelador. Creo casi que la conozco... que puedo verla y escucharla -Será tu arte de la palabra, del alma o seré yo con mi sensiblería?- No lo sé y poco importa Apreciado Poeta y Amigo @Pedro Olvera . La grandiosa protagonista es sencillamente Ella... Qué maravilloso escrito! Tribu, esta enana te da las Gracias por compartirlo. Las palabras aquí vertidas lograron que recordara a la mía, a Mamá Jose y la sintiera bien cerca. Por favor recibe mi saludo afectuoso, mi Admiración y mis buenos deseos en todo siempre
 
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