Edilberto Vargas
Poeta recién llegado
Una silla, le regalaron a don pedro
era café, su madera, cedro
reclinable su espaldar,
muy buena para descansar.
Se sentaban la señora, también sus hijos
todos quería recostarse en hilos tan finos
mimbre tejido componía se esencia
incrustado en la madera, pura ciencia.
Su dueño bravo, porque no se la dejaban quieta
prohibió que la usaran y la guardo en su pieza
dijo es solo mía, yo la uso cuando quiera
en la noche y después de almuerzo en la siesta.
Don pedro, gordito de nacimiento
no se sentaba, se acostaba en el asiento
por sus pedos y el sobre peso
el mimbre fue carcomiendo.
Una mañana encontraron a don pedro
muerto, enredado en las fibras de la silla de cedro.
Tanto que quiso su silla, pobre mortal,
y en ella tuvo su final…
Su esposa compresiva, en su tumba escribió
aquí yace pedro, el que en su silla murió
era café, su madera, cedro
reclinable su espaldar,
muy buena para descansar.
Se sentaban la señora, también sus hijos
todos quería recostarse en hilos tan finos
mimbre tejido componía se esencia
incrustado en la madera, pura ciencia.
Su dueño bravo, porque no se la dejaban quieta
prohibió que la usaran y la guardo en su pieza
dijo es solo mía, yo la uso cuando quiera
en la noche y después de almuerzo en la siesta.
Don pedro, gordito de nacimiento
no se sentaba, se acostaba en el asiento
por sus pedos y el sobre peso
el mimbre fue carcomiendo.
Una mañana encontraron a don pedro
muerto, enredado en las fibras de la silla de cedro.
Tanto que quiso su silla, pobre mortal,
y en ella tuvo su final…
Su esposa compresiva, en su tumba escribió
aquí yace pedro, el que en su silla murió
Última edición: