Lilith
Poeta fiel al portal
Estaba un anciano, pensando en su mañana
cuando al acercarse al mar, una sirena vio atrapada
por redes malditas, su cola no dejaban
libre para que al mar volviese y no muriese ahogada.
Cuando el anciano se acercó, su mirada cambió
vió a la bella sirena, desnuda, y llorando por su salvación.
De color oro se formaba su larga cabellera
y ojos verdes azulados miraban con belleza.
Su piel era pálida y frágil parecia su cuerpo
que unida a una cola verdosa, de pez o delfín parecía serlo.
pero una aura de tristeza arañaba la felicidad
y los ojos de la sirena comenzaban a llorar
pues sabia que su vida llegaba al final.
- Gran sabio del tiempo, ayudamé, te suplico
atrapada e quedado en este maleficio
y tú, con tus poderosas manos, ayudarme puedes,
ayudame y recompensado eres...
Pero el anciano, que nunca habia tenido nada tan bonito
la contestó con indeciso:
- Siento decirte esto, mi bella sirena,
pero ya que la muerte esta tuyo cerca
llevarme tu cuerpo seria mi gran regalo
algo precioso, contigo me valgo.
Y la sirena con sus ultimos suspiros
grito para que el mar la oyera:
- Despidete de mi, viejo egoista
tal vez yo muera en este intento
pero no te llevaras mi cuerpo
y muerto estarás cuando yo acabe con esto...
Ni a la sirena ni al anciano se les volvieron a ver
ni a una en el mar desierto, ni a él en el pueblo costero
pero se dice que cuando los pescadores atrapan los peces
en las redes de pescar, de trabajar
oyen dos voces en el mar que dice:
- No soy culpable de llevarme a la bella sirena
- No soy culpable de llevarme al anciano egoista...
cuando al acercarse al mar, una sirena vio atrapada
por redes malditas, su cola no dejaban
libre para que al mar volviese y no muriese ahogada.
Cuando el anciano se acercó, su mirada cambió
vió a la bella sirena, desnuda, y llorando por su salvación.
De color oro se formaba su larga cabellera
y ojos verdes azulados miraban con belleza.
Su piel era pálida y frágil parecia su cuerpo
que unida a una cola verdosa, de pez o delfín parecía serlo.
pero una aura de tristeza arañaba la felicidad
y los ojos de la sirena comenzaban a llorar
pues sabia que su vida llegaba al final.
- Gran sabio del tiempo, ayudamé, te suplico
atrapada e quedado en este maleficio
y tú, con tus poderosas manos, ayudarme puedes,
ayudame y recompensado eres...
Pero el anciano, que nunca habia tenido nada tan bonito
la contestó con indeciso:
- Siento decirte esto, mi bella sirena,
pero ya que la muerte esta tuyo cerca
llevarme tu cuerpo seria mi gran regalo
algo precioso, contigo me valgo.
Y la sirena con sus ultimos suspiros
grito para que el mar la oyera:
- Despidete de mi, viejo egoista
tal vez yo muera en este intento
pero no te llevaras mi cuerpo
y muerto estarás cuando yo acabe con esto...
Ni a la sirena ni al anciano se les volvieron a ver
ni a una en el mar desierto, ni a él en el pueblo costero
pero se dice que cuando los pescadores atrapan los peces
en las redes de pescar, de trabajar
oyen dos voces en el mar que dice:
- No soy culpable de llevarme a la bella sirena
- No soy culpable de llevarme al anciano egoista...