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La sombra

Asklepios

Incinerando envidias
Su sombra soñaba, pero él no. Él era incapaz. Me lo dijo desde siempre. Al menos, eso sí, sabía de los sueños por ese “lado oscuro” de su personalidad; ese lado que no era él, pero sí formaba parte de su entidad.

La sombra, lo más habitual era que le informara de día, cuando más pletórica se sentía gracias a la presencia del sol, pero también relatarle de noche sus ensoñaciones, aunque, eso sí, solían resultar mucho más irregulares y sin apenas sentido a causa de la falta de luz, de la energía del astro solar.

Había otra opción que era otra que compartir los sucesos de su mundo onírico bajo la luz eléctrica de farolas, de soportes luminosos de publicidad…pero no dejaba de ser un modo que ensuciaba demasiado todo posible diálogo.

Tanto su sombra como él mismo lo pasaban realmente mal cuando la oscuridad era total. Cualquier comunicación entre ellos se hacía imposible.

Pasaron una serie de años que él dedicó completamente a estudiar la carrera que le permitiría ejercer de aquello que, desde niño, siempre quiso ser. Siempre quiso ser ingeniero.

Afortunadamente, pocos días después de hacerse con el ansiado título, él fue contratado como responsable de calidad en una importante fábrica de cirios y velas. Así, gracias al nuevo empleo, él y su sombra, no sólo mejoraron su relación, sino que la consolidaron hasta límites que soy incapaz de relatar aquí. Tan sólo les pido que imaginen.
 
Su sombra soñaba, pero él no. Él era incapaz. Me lo dijo desde siempre. Al menos, eso sí, sabía de los sueños por ese “lado oscuro” de su personalidad; ese lado que no era él, pero sí formaba parte de su entidad.

La sombra, lo más habitual era que le informara de día, cuando más pletórica se sentía gracias a la presencia del sol, pero también relatarle de noche sus ensoñaciones, aunque, eso sí, solían resultar mucho más irregulares y sin apenas sentido a causa de la falta de luz, de la energía del astro solar.

Había otra opción que era otra que compartir los sucesos de su mundo onírico bajo la luz eléctrica de farolas, de soportes luminosos de publicidad…pero no dejaba de ser un modo que ensuciaba demasiado todo posible diálogo.

Tanto su sombra como él mismo lo pasaban realmente mal cuando la oscuridad era total. Cualquier comunicación entre ellos se hacía imposible.

Pasaron una serie de años que él dedicó completamente a estudiar la carrera que le permitiría ejercer de aquello que, desde niño, siempre quiso ser. Siempre quiso ser ingeniero.

Afortunadamente, pocos días después de hacerse con el ansiado título, él fue contratado como responsable de calidad en una importante fábrica de cirios y velas. Así, gracias al nuevo empleo, él y su sombra, no sólo mejoraron su relación, sino que la consolidaron hasta límites que soy incapaz de relatar aquí. Tan sólo les pido que imaginen.
Se percibe muy bien la incapacidad de soñar, a diferencia de su sombra, que sí lo hace.

Saludos
 

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