Me asomo a la primavera
cada mañana en mi terraza
y admiro la rapidez de la naturaleza
en sacar sus flores nuevas,
sus capullos al aire.
Con tan pocos cuidados de mi parte
y con la sola presencia
de una luz más intensa,
de un sol con más fuerza,
la vida se agita frágil,
como un fino cristal
dentro de mis macetas.
Sólo en unos días han brotado,
como por arte de magia,
diminutas plantitas que ya creí muertas
y un olor intenso a limonero,
hierbabuena y romero,
me saluda de prisa,
cuando abro la puerta a la mañana.
Cada una con su pequeña vida
me alegra el día,
y agradezco al cielo
la fortuna que en mí ha derramado
sin saber por qué,
y me alegro doblemente
por darme cuenta de ello,
porque es la manera más pacífica que conozco,
más sublime,
de meterme en el torbellino de la vida,
de admirarla y ser parte de ella,
hasta que mis mañanas se acaben,
y sea alma bella
como las flores de mis macetas.
cada mañana en mi terraza
y admiro la rapidez de la naturaleza
en sacar sus flores nuevas,
sus capullos al aire.
Con tan pocos cuidados de mi parte
y con la sola presencia
de una luz más intensa,
de un sol con más fuerza,
la vida se agita frágil,
como un fino cristal
dentro de mis macetas.
Sólo en unos días han brotado,
como por arte de magia,
diminutas plantitas que ya creí muertas
y un olor intenso a limonero,
hierbabuena y romero,
me saluda de prisa,
cuando abro la puerta a la mañana.
Cada una con su pequeña vida
me alegra el día,
y agradezco al cielo
la fortuna que en mí ha derramado
sin saber por qué,
y me alegro doblemente
por darme cuenta de ello,
porque es la manera más pacífica que conozco,
más sublime,
de meterme en el torbellino de la vida,
de admirarla y ser parte de ella,
hasta que mis mañanas se acaben,
y sea alma bella
como las flores de mis macetas.