La tierra bajo tus pies

Morgan H.Yabar

Poeta que considera el portal su segunda casa
Esta ciudad con sus vertebras fantasmales,
astillándose de luces,
tiene alas tan absurdas
esparcidas como eslabones.





Es un impulso ciego

el que recorre la calidez

y se retuerce cuando besa,

la tierra bajo tus pies.

Lo comprendo mejor,

ahora que la oscuridad

carcome mis huesos,

y los arquea tan inútilmente.

Este paraíso cada vez más extraño

con sus lunas y sus soles,

contando, que se cuentan tan infinitamente

sin jamás ser otra cosa

que el orden, con sus constantes.

 
Esta ciudad con sus vertebras fantasmales,
astillándose de luces,
tiene alas tan absurdas
esparcidas como eslabones.

Qué hermosa imagen colocaste en mi piedra filosofal mi Admirado Poeta y Entrañable Amigo @Nudo , luces astillándose, la ciudad —que puede ser literal o lo que represente, y sus miles de luces sobrevolando esparcidas y atentas. ¡Me encanta! Muchas Gracias por compartir tu Arte Profundo. Por favor acepta mi saludo afectuoso y mis incansables mejores deseos sinfín

Es un impulso ciego
el que recorre la calidez
y se retuerce cuando besa,
la tierra bajo tus pies.

Lo comprendo mejor,
ahora que la oscuridad
carcome mis huesos,
y los arquea tan inútilmente.


Este paraíso cada vez más extraño
con sus lunas y sus soles,
contando, que se cuentan tan infinitamente
sin jamás ser otra cosa
que el orden, con sus constantes.


Bajo los pies, tierra firme aparente que se está moviendo constantemente. Me gusta la imagen que anegro. Será que cada día/noche seguirá pareciendo más extraño porque algo bien adentro está cambiado, y ese orden es constante/externo porque conoce su misión de antemano. Recordé un fragmento de poema —por asociación (nada que ver con el escrito) pero igual lo inserto porque ya lo mencioné :

Cuando sepas hallar una sonrisa
en la gota sutil que se rezuma
de las porosas piedras, en la bruma,
en el sol, en el ave y en la brisa;

cuando nada a tus ojos quede inerte,
ni informe, ni incoloro, ni lejano,
y penetres la vida y el arcano
del silencio, las sombras y la muerte;

cuando tiendas la vista a los diversos
rumbos del cosmos, y tu esfuerzo propio
sea como potente microscopio
que va hallando invisibles universos;

entonces en las flamas de la hoguera
de un amor infinito y sobrehumano,
como el santo de Asís, dirás hermano
al árbol, al celaje y a la fiera.

Sentirás en la inmensa muchedumbre
de seres y de cosas tu ser mismo;
serás todo pavor con el abismo
y serás todo orgullo con la cumbre.

Sacudirá tu amor el polvo infecto
que macula el blancor de la azucena,
bendecirás las márgenes de arena
y adorarás el vuelo del insecto;

y besarás el garfio del espino
y el sedeño ropaje de las dalias...
Y quitarás piadoso tus sandalias
por no herir a las piedras del camino.

Enrique González Martínez
 

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