Kein Williams
Poeta fiel al portal
En la quietud del bosque, susurra la brisa suave,
donde el eco de la naturaleza, en susurros, nos habla en clave.
Las hojas caen en danza, como lágrimas al suelo,
mientras la tierra suspira, en su lamento, suplica al cielo.
El río canta un lamento, de aguas puras y claras,
buscando la libertad en su curso, entre altas y oscuras murallas.
Los pájaros al alba, en sus nidos resplandecen,
mas el eco de la extinción, en sus trinos, estremece.
La madre tierra gime, su corazón lento y agotado,
por la carga que le imponemos, sin cuidado, sin tregua, sin recato.
¡Oh, En tus versos siento el eco del dolor,
de un mundo que agoniza, sin remedio, sin amor!
En la belleza frágil de este mundo que apreciamos,
yace la responsabilidad, que en silencio, evitamos.
Cuidemos con ternura esta joya, este edén,
para que el eco de la vida, no se extinga, sino que prevalezca. Amén.
donde el eco de la naturaleza, en susurros, nos habla en clave.
Las hojas caen en danza, como lágrimas al suelo,
mientras la tierra suspira, en su lamento, suplica al cielo.
El río canta un lamento, de aguas puras y claras,
buscando la libertad en su curso, entre altas y oscuras murallas.
Los pájaros al alba, en sus nidos resplandecen,
mas el eco de la extinción, en sus trinos, estremece.
La madre tierra gime, su corazón lento y agotado,
por la carga que le imponemos, sin cuidado, sin tregua, sin recato.
¡Oh, En tus versos siento el eco del dolor,
de un mundo que agoniza, sin remedio, sin amor!
En la belleza frágil de este mundo que apreciamos,
yace la responsabilidad, que en silencio, evitamos.
Cuidemos con ternura esta joya, este edén,
para que el eco de la vida, no se extinga, sino que prevalezca. Amén.