(Inspirada en "Annabel Lee. E. A. Poe. The Raven"
NOTA: He procurado mantener en lo posible el estilo de Poe en este poema originalmente escrito en Inglés.
--..--
ANABEL
Nacía entre algodones junto al mar,
un mar que destilaba sensaciones,
un mar que se vestía de algodones,
un mar que confundía amor y amar.
Nacía en ese reino sin hogar,
colmado de vacías ilusiones,
vacío de sublimes pretensiones,
y supe lo importante que es soñar.
Soñé que aquel lucero que nacía
estaba destinado a ser mi amada
cumpliéndose, por fin, la profecía.
Tres años de una vida dedicada
al sueño de un amor que sucumbía
cantaban su canción desesperada.
--..--
Crecía nuestro fuego y nuestro amor
bendito por los Ángeles del Cielo,
mas pronto se trocaba su desvelo
en pena, y en lamentos, y en dolor.
La muerte le arrancaba su color,
su piel se convertía en puro hielo.
¡Señor! ¿por qué te llevas mi consuelo?
¿Por qué me arrebataste su calor?
El mar se oscurecía con mis llantos
preñados del recuerdo de Anabel,
preñados de sus risas y sus cantos.
Con Ella mi sonrisa era de miel.
Ahora son mis odios tantos, tantos,
que afloran más amargos que la hiel.
--..--
El nuestro fue un amor apasionado,
mayor que el del mayor de los mayores.
Sincero, sin astucias ni rencores.
¡Amor que me dejaba abandonado!
Estaba enloquecido y desolado,
anclado en un infierno de estertores,
cubriendo el mar con pétalos de flores,
al borde de un profundo acantilado.
Quisiera estar contigo los instantes,
aquellos que, indolente, ya perdí.
¡Aquellos, Anabel, tan importantes!
¡Espérame, Anabel, cerca de ti!
La muerte juntará nuestros semblantes,
tus ojos, Anabel, cerca de mí.
--..--
Chu
NOTA: He procurado mantener en lo posible el estilo de Poe en este poema originalmente escrito en Inglés.
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ANABEL
Nacía entre algodones junto al mar,
un mar que destilaba sensaciones,
un mar que se vestía de algodones,
un mar que confundía amor y amar.
Nacía en ese reino sin hogar,
colmado de vacías ilusiones,
vacío de sublimes pretensiones,
y supe lo importante que es soñar.
Soñé que aquel lucero que nacía
estaba destinado a ser mi amada
cumpliéndose, por fin, la profecía.
Tres años de una vida dedicada
al sueño de un amor que sucumbía
cantaban su canción desesperada.
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Crecía nuestro fuego y nuestro amor
bendito por los Ángeles del Cielo,
mas pronto se trocaba su desvelo
en pena, y en lamentos, y en dolor.
La muerte le arrancaba su color,
su piel se convertía en puro hielo.
¡Señor! ¿por qué te llevas mi consuelo?
¿Por qué me arrebataste su calor?
El mar se oscurecía con mis llantos
preñados del recuerdo de Anabel,
preñados de sus risas y sus cantos.
Con Ella mi sonrisa era de miel.
Ahora son mis odios tantos, tantos,
que afloran más amargos que la hiel.
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El nuestro fue un amor apasionado,
mayor que el del mayor de los mayores.
Sincero, sin astucias ni rencores.
¡Amor que me dejaba abandonado!
Estaba enloquecido y desolado,
anclado en un infierno de estertores,
cubriendo el mar con pétalos de flores,
al borde de un profundo acantilado.
Quisiera estar contigo los instantes,
aquellos que, indolente, ya perdí.
¡Aquellos, Anabel, tan importantes!
¡Espérame, Anabel, cerca de ti!
La muerte juntará nuestros semblantes,
tus ojos, Anabel, cerca de mí.
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Chu
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