Robsalz
Poeta que considera el portal su segunda casa
El silencio se sentó a la mesa
contando platos que no se han de usar,
la sopa que se enfría y duele la cabeza,
el insomnio dicta presencia en este lugar.
Pasa otra silla, que ha venido a menos
la cantidad de huéspedes que quieren paz,
se pierden presos los ratos amenos
y hay sirenas que nadan marcha atrás.
Va pasando que pasa lo que tenga que venir,
estas olas que surfeo me duelen tanto,
anda triste la sombra de mi porvenir
y ya no sumo cuentos, ahora resto un llanto.
Alguien toca a la puerta y no hay quien abra,
la ventana está nublada, no hay luz aquí,
pasa una mirada bajo la aldaba
y una voz murmura, vienen por mí.
Dicen los que saben algo de mi nombre
que ni un gorrión vino a despedirse,
que el sol al ver como caía un hombre
corrió, pero al verme le dio por reírse.
La tristeza hizo una caravana,
procesión, o como quieras anunciarla,
ni un trozo de pan reparten de buena gana
y ni una misa me dan, no hay quien la haga.
contando platos que no se han de usar,
la sopa que se enfría y duele la cabeza,
el insomnio dicta presencia en este lugar.
Pasa otra silla, que ha venido a menos
la cantidad de huéspedes que quieren paz,
se pierden presos los ratos amenos
y hay sirenas que nadan marcha atrás.
Va pasando que pasa lo que tenga que venir,
estas olas que surfeo me duelen tanto,
anda triste la sombra de mi porvenir
y ya no sumo cuentos, ahora resto un llanto.
Alguien toca a la puerta y no hay quien abra,
la ventana está nublada, no hay luz aquí,
pasa una mirada bajo la aldaba
y una voz murmura, vienen por mí.
Dicen los que saben algo de mi nombre
que ni un gorrión vino a despedirse,
que el sol al ver como caía un hombre
corrió, pero al verme le dio por reírse.
La tristeza hizo una caravana,
procesión, o como quieras anunciarla,
ni un trozo de pan reparten de buena gana
y ni una misa me dan, no hay quien la haga.
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