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Como ese viejo luthier solo y abandonado en su desvencijado taller, que al ver acercarse su fenecer, fabrica la pieza más excelsa, ese violín en maderas nobles, con que el poder componer una rapsoda de su vida antes de perecer.
Plata en sus cabellos denotaban los años que ya se marchitaron y las llamas que sus pasiones dejaron, consumieron las cenizas que el viento esparció sobre los alisios en flor.
Ahora su fugaz vida, transcurre lenta y tranquila, como el agua en un recodo del río o un atardecer a orillas del mar esperando su último canto.
Aunque ya siente que se acerca el final de su camino, no quiere mirar atrás, pues cada día que para él amanece, es el principio del resto de su vida, con un futuro sin más en el que no le queda nada por lograr.
Contaba sus años como gritos de lluvia que golpeaban los cristales de las ventanas de su taller. Noches que se cerraban como paraguas en atardeceres lluviosos, donde la luna no brillaba porque las nubes la ocultaban.
No era una cárcel, aunque el tiempo que pasaba en él, así lo pareciera. Allí dio vida a maderas muertas para que con su música hicieran bailar a ese ángel que brillaba en su vida al entrar en su taller cada amanecer.
Y aunque ahora solo le queda bailar un tango con su soledad. Aún sus ojos se llenan de lágrimas al recordar con nostalgia, que su edad es tiempo vivido que algunos ya no pueden disfrutar.
Como ese viejo luthier solo y abandonado en su desvencijado taller, que al ver acercarse su fenecer, fabrica la pieza más excelsa, ese violín en maderas nobles, con que el poder componer una rapsoda de su vida antes de perecer.
Plata en sus cabellos denotaban los años que ya se marchitaron y las llamas que sus pasiones dejaron, consumieron las cenizas que el viento esparció sobre los alisios en flor.
Ahora su fugaz vida, transcurre lenta y tranquila, como el agua en un recodo del río o un atardecer a orillas del mar esperando su último canto.
Aunque ya siente que se acerca el final de su camino, no quiere mirar atrás, pues cada día que para él amanece, es el principio del resto de su vida, con un futuro sin más en el que no le queda nada por lograr.
Contaba sus años como gritos de lluvia que golpeaban los cristales de las ventanas de su taller. Noches que se cerraban como paraguas en atardeceres lluviosos, donde la luna no brillaba porque las nubes la ocultaban.
No era una cárcel, aunque el tiempo que pasaba en él, así lo pareciera. Allí dio vida a maderas muertas para que con su música hicieran bailar a ese ángel que brillaba en su vida al entrar en su taller cada amanecer.
Y aunque ahora solo le queda bailar un tango con su soledad. Aún sus ojos se llenan de lágrimas al recordar con nostalgia, que su edad es tiempo vivido que algunos ya no pueden disfrutar.
Una profunda reflexión sobre su vida y la creación de un violín excepcional como una última obra significativa antes de su muerte.
Me gustan estas poesías introspectivas, que describen el paso del tiempo y la nostalgia de los recuerdos y pasiones pasadas.
Realmente considero estas líneas como una meditación sobre la vida, la creación artística y el paso del tiempo.
Siempre es un honor visitar su profunda obra.