danie
solo un pensamiento...
Cuencas hoscas, afluentes ennegrecidas,
montes macizos velados por nebulosas (polvo de hadas muertas).
Ébanos que lloran con lágrimas de savia,
gotas que se pierden en el caudal de los sueños.
Lunas aturdidas ascienden y menguan,
siempre en la hora de los campanarios
que avasallan el mundo de los vivos,
a cada instante de la serena noche
y bajo en el resuello de sus rostros pasmados
y lánguidos.
Sangre vertida por el río,
oscureciendo la luminiscencia de las
temblorosas estrellas
y los solsticios de los polos olímpicos.
Desde el cielo caen un par de alas rotas,
un sueño desvalido,
un hechizo que decanta en el cetro
nocturno de la aureola de un hada
ahogada en el limbo.
Los sueños se esfuman sin precedencia,
las fantasías quimeras se estrellan en la diáfana
del reflejo de la humanidad
y las sombras crecen con ojos colosos
sobre el epitafio de la existencia.
La raza que engendra los deseos
benefactores se ha desvanecido,
solo un rastro queda del polvo de las hadas
en la nebulosa de un horizonte marchito
...
Una niña danza en el bosque sombrío,
Una niña danza en el bosque sombrío,
canta un villancico de seráficos dormidos
en las aldehuelas, en los palacetes retirados,
sobre las frondosidades del piélago,
sobre el tropel de los espíritus que están de luto
por esos sueños fenecidos.
Esa niña es toda alegría ¿Acaso no se da cuenta de los difuntos?,
pero ella danza igual sobre cada forma adormecida,
y los sepulta por completo con la luz de los días.
Esa niña eres tú, mi ente divino.
En la alborada te levantas
y tu mácula se esparce por los cielos,
por el ámbito y el destino,
se agita como indelebles albatros,
desalojas el aliento de la borrasca lastimera,
seduces a todas las cosas dando vida.
Heredera de la visión de una utopía,
hada que acuña y regenera de las cenizas
a los anhelos perdidos.
¡Las hadas de las fábulas y los mitos han muerto
en su mayoría! Pero quedas tú, mi vida.