LA ÚLTIMA TARDE
Fue al caer la tarde junto al lago.
Estábamos gozando de un silencio
casi mágico y todo nos parecía perfecto:
Reclinados uno junto al otro en ese banco
nos envolvía el tibio canto del jilguero.
Mis dedos destejían distraídos
alguno de tus hermosos rizos negros
y entonces como en un susurro me dijiste:
[FONT="]-Debo confesártelo ahora. Ya no te quiero
Eduardo Morguenstern (17.02.09)