Teo Moran
Poeta fiel al portal
A falta de la luz, de su composición,
el mundo cae sin misericordia
derramado entre los ecos débiles
de un corazón que anhela morir
sosegado y sin ningún temor,
bajo el influjo y el encanto
de un dios jocoso y malabarista…
-¡Nada debe perturbar su olvido!
Con la desnudez del que nada tiene
mira su averno del cual es su dueño,
con la inocencia del niño perdido
ve como la vela arde por los dos lados
mientras de nada sirve lamentarse,
como aquel que ama al tiempo
y este lo atesora entre sus manos
sin entender su hermoso significado.
A falta del viento, de su caricia,
la garganta se llena de los sabores
trago a trago, de voces lejanas,
de tiempos de amor y de guerras,
cuando vivir era el mayor de los regalos
y la esperanza un cubil lleno de avispas,
mas no sé como remamos en aquel mar
de complicadas y sórdidas utopías,
pero aún así luchamos sin remedio
y volvimos a sonreír ante el fracaso,
en esa triste balada de perdedores.
Me lleva un instante, un parpadeo,
ver como te encojes sobre la hoguera
y quemas la vela por los dos lados,
verte a ratos balbucear y luego callar
mientras el mundo cae en su penumbra
y el humo liviano de las ascuas
se eleva con cada gota de alcohol.
Es posible que cada suspiro nos mate,
que cada recuerdo olvidado sobreviva
y de vez en cuando nos mortifique,
mas sé que tú dejaste de ser fuerte,
tus ojos son la clara muestra del dolor
y que cada sorbo te lleva a tu destino.
Te veo a ti, con diferentes rostros,
tu cuerpo en decadencia extrema
jugando al escondite con su sombra,
lloro con cada nuevo día tu muerte
como aquella débil flor deshojada
en las incontables horas sedientas,
por las vociferaciones del viento
que bajo la hoguera lucha por su lugar,
y pienso que igual tienes razón,
que tú hace tiempo vives de prestado
una vida que ha dejado de ser nuestra,
y entiendo mientras enciendes el fuego
quemando la vela por los dos lados
que el mundo subyace impenetrable
aunque tu mirada cansada se pierda
en otros mundos que desconozco
pero que para ti están presentes,
todavía no sé como abrazar tu infierno
del cual huyo y a veces me reflejo,
como otorgar un instante de vida
si cada vez que me miras no me ves,
si respiras la agonía de tu existencia
y quemas la vela por los dos lados.