La Veleta

Ángel San Isidro

Poeta que considera el portal su segunda casa

La Veleta
Cuando me atrape el tiempo
seré veleta sometida al viento,
el tiempo
se oscurece entre mis manos
y me persigue, sin sentimientos,
de verdad te lo digo
mi querido y amoroso amigo,
que no puedo disponer del amor
de tan maravilloso y silencioso,
tiempo;
Se fugó
la torpe y estrepitosa tarde,
y de madrugada apareció
el blanco resurgir de la aurora,
que se marchó
con el grito y el lamento
de las tristes y apagadas amapolas,
y con la solitaria veleta
señalando hacia el Norte,
cuando el aire
sin previo aviso la volteó del revés
soliviantando
mi pequeña y oscura alma
con el viento mirando, hacia el Sur,
para conceder
a mis tristes y maravillosos ojos
con un leve y sutil
movimiento de mis parpados,
toda una vida
que clamaba y suspiraba
por llegar a la venturosa y amada,
nueva veleta del Sur.
Autor: Ángel San Isidro
Todos los Derechos Reservados​
 
La Veleta
Cuando me atrape el tiempo
seré veleta sometida al viento,
el tiempo
se oscurece entre mis manos
y me persigue, sin sentimientos,
de verdad te lo digo
mi querido y amoroso amigo,
que no puedo disponer del amor
de tan maravilloso y silencioso,
tiempo;

Se fugó

la torpe y estrepitosa tarde,
y de madrugada apareció
el blanco resurgir de la aurora,
que se marchó
con el grito y el lamento
de las tristes y apagadas amapolas,
y con la solitaria veleta
señalando hacia el Norte,
cuando el aire
sin previo aviso la volteó del revés
soliviantando
mi pequeña y oscura alma
con el viento mirando, hacia el Sur,
para conceder
a mis tristes y maravillosos ojos
con un leve y sutil
movimiento de mis parpados,
toda una vida
que clamaba y suspiraba
por llegar a la venturosa y amada,
nueva veleta del Sur.

Autor: Ángel San Isidro
Todos los Derechos Reservados

Magistrales letras Ángel, una maravilla de sentires bellamente escrito.
Cordial saludo estimado amigo.
 
La Veleta
Cuando me atrape el tiempo
seré veleta sometida al viento,
el tiempo
se oscurece entre mis manos
y me persigue, sin sentimientos,
de verdad te lo digo
mi querido y amoroso amigo,
que no puedo disponer del amor
de tan maravilloso y silencioso,
tiempo;

Se fugó

la torpe y estrepitosa tarde,
y de madrugada apareció
el blanco resurgir de la aurora,
que se marchó
con el grito y el lamento
de las tristes y apagadas amapolas,
y con la solitaria veleta
señalando hacia el Norte,
cuando el aire
sin previo aviso la volteó del revés
soliviantando
mi pequeña y oscura alma
con el viento mirando, hacia el Sur,
para conceder
a mis tristes y maravillosos ojos
con un leve y sutil
movimiento de mis parpados,
toda una vida
que clamaba y suspiraba
por llegar a la venturosa y amada,
nueva veleta del Sur.

Autor: Ángel San Isidro
Todos los Derechos Reservados
Profundos y reflexivos versos Angel,bendiciones
 

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