Extravagante
Poeta recién llegado
Nacemos sin pedirlo.
Nos arrancan del calor,
nos dan un nombre,
nos visten de expectativas,
nos enseñan a caminar recto
y nos obligan a crecer
en el ruido de otros,
en la prisa que no entendemos,
miramos el cielo y nos dicen
que trabajemos primero,
que la luna espera,
que los sueños cuestan.
Amamos sin saber cómo,
buscando en los ojos ajenos
un reflejo que nos justifique.
Fallamos, herimos, nos hieren.
Nos prometen que el tiempo cura...
pero el tiempo solo pasa.
Aprendemos a callar dolores,
a sonreír cuando duele,
a seguir aunque no sepamos hacia dónde.
Y un día, sin aviso,
la piel se arruga,
el cuerpo se cansa,
y entendemos,
demasiado tarde o justo a tiempo,
que la vida nunca esperó por nadie.
Pero ya es tarde para lamentos.
Y en un parpadeo pasamos
del amor de la cuna
al olor del cementerio.
Nos arrancan del calor,
nos dan un nombre,
nos visten de expectativas,
nos enseñan a caminar recto
y nos obligan a crecer
en el ruido de otros,
en la prisa que no entendemos,
miramos el cielo y nos dicen
que trabajemos primero,
que la luna espera,
que los sueños cuestan.
Amamos sin saber cómo,
buscando en los ojos ajenos
un reflejo que nos justifique.
Fallamos, herimos, nos hieren.
Nos prometen que el tiempo cura...
pero el tiempo solo pasa.
Aprendemos a callar dolores,
a sonreír cuando duele,
a seguir aunque no sepamos hacia dónde.
Y un día, sin aviso,
la piel se arruga,
el cuerpo se cansa,
y entendemos,
demasiado tarde o justo a tiempo,
que la vida nunca esperó por nadie.
Pero ya es tarde para lamentos.
Y en un parpadeo pasamos
del amor de la cuna
al olor del cementerio.