Quinto Brena
Poeta adicto al portal
Buscando la vida me encuentras,
viviendo en la guarida de mi mente,
huyendo de la gente
y sus palabras.
¡Intensa vida! ¡lacerante vida!
con tus dedos tejes sin fin el látigo que me hiere.
Luego en suaves brazos
curas mi heridas,
para luego desgarrarlas con la historia que será.
Te viví y me hastié de ti,
para luego volver a amarte.
Gota por gota, fui lluvia, rio, mar;
recorrí los misterios de mi mente,
fui sabio y luego necio;
y así mil veces,
en la fría simetría del espejo,
me encontré otra vez.
Quise ser los labios del mudo,
los ojos del ciego,
la ropa del pobre;
mas terminé vacío,
hablando palabras desnudas,
sin ganas de creer mi sísmica realidad.
A veces en mi existencia,
también fui feliz,
al oír las palabras del sabio
y ser consumido en su virtud,
como la cera se derrite bajo el sol.
También encontré un nuevo placer
en las curvas que dibujan los niños al correr,
y en el inocente consuelo
que viven al disfrutar
la cena de un trasto vacio,
cuando vacios los trastos están en la mesa.
Viví y morí, y deje vivir.
Lloré y reí al mismo tiempo.
Encontré el consuelo que se va
y la tristeza que queda;
luego la sise con trabajo,
con la pasión del silencio,
y la caricia de las manos de una palabra hermosa;
y al tocar sus mejillas blancas,
al hundirme entre sus cabellos,
encontré la paz
por un momento.
viviendo en la guarida de mi mente,
huyendo de la gente
y sus palabras.
¡Intensa vida! ¡lacerante vida!
con tus dedos tejes sin fin el látigo que me hiere.
Luego en suaves brazos
curas mi heridas,
para luego desgarrarlas con la historia que será.
Te viví y me hastié de ti,
para luego volver a amarte.
Gota por gota, fui lluvia, rio, mar;
recorrí los misterios de mi mente,
fui sabio y luego necio;
y así mil veces,
en la fría simetría del espejo,
me encontré otra vez.
Quise ser los labios del mudo,
los ojos del ciego,
la ropa del pobre;
mas terminé vacío,
hablando palabras desnudas,
sin ganas de creer mi sísmica realidad.
A veces en mi existencia,
también fui feliz,
al oír las palabras del sabio
y ser consumido en su virtud,
como la cera se derrite bajo el sol.
También encontré un nuevo placer
en las curvas que dibujan los niños al correr,
y en el inocente consuelo
que viven al disfrutar
la cena de un trasto vacio,
cuando vacios los trastos están en la mesa.
Viví y morí, y deje vivir.
Lloré y reí al mismo tiempo.
Encontré el consuelo que se va
y la tristeza que queda;
luego la sise con trabajo,
con la pasión del silencio,
y la caricia de las manos de una palabra hermosa;
y al tocar sus mejillas blancas,
al hundirme entre sus cabellos,
encontré la paz
por un momento.
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