Jesús Cáñez
Poeta que considera el portal su segunda casa
Ovillejos en las manos,
redondillas en sus dedos,
y en su piel de alejandrinos
unas coplas en el cuello.
En los ojos unas liras,
en su ombligo un gran cuarteto,
de letrilla grata espalda,
y una décima en el pelo.
Su cadera fue una silva,
aleluyas en sus pechos,
con un zéjel por cintura,
y en sus nalgas un soneto.
Verso blanco en su fragancia,
un rondel entre sus besos,
un romance su sonrisa,
y una estancia por deseo.
Seguidillas en su lengua,
alegrías en su aliento,
una octava entre sus piernas,
y una glosa todo el cuerpo.
redondillas en sus dedos,
y en su piel de alejandrinos
unas coplas en el cuello.
En los ojos unas liras,
en su ombligo un gran cuarteto,
de letrilla grata espalda,
y una décima en el pelo.
Su cadera fue una silva,
aleluyas en sus pechos,
con un zéjel por cintura,
y en sus nalgas un soneto.
Verso blanco en su fragancia,
un rondel entre sus besos,
un romance su sonrisa,
y una estancia por deseo.
Seguidillas en su lengua,
alegrías en su aliento,
una octava entre sus piernas,
y una glosa todo el cuerpo.
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