Claridad
Poeta que considera el portal su segunda casa
No advertí el disparo de los fusiles
en tu cara de preocupación.
Lluvia de balas destinadas
a los cuerpos como justicia
que injusticia mata a la inocente que ama,
a la vida que se puede apagar en cualquier momento,
en cualquier agua y plantas verdes de la rabia.
Cuales fueran las ocasiones de la advertencia
no las noté, por no dar tiempo de correr,
solo recibir la guerra, la única guerra,
contra mí.
Más ellas, agujas voladoras que violentan la carne,
queman la parte dentro del alma
y cauterizan a muerte el abandono
de aquella que cierra los ojos para siempre
y abre otros de terror
al extinguirse la vida amiga
que tanto me cuidó.
en tu cara de preocupación.
Lluvia de balas destinadas
a los cuerpos como justicia
que injusticia mata a la inocente que ama,
a la vida que se puede apagar en cualquier momento,
en cualquier agua y plantas verdes de la rabia.
Cuales fueran las ocasiones de la advertencia
no las noté, por no dar tiempo de correr,
solo recibir la guerra, la única guerra,
contra mí.
Más ellas, agujas voladoras que violentan la carne,
queman la parte dentro del alma
y cauterizan a muerte el abandono
de aquella que cierra los ojos para siempre
y abre otros de terror
al extinguirse la vida amiga
que tanto me cuidó.