Orfelunio
Poeta veterano en el portal
Y murió sobre el papel,
le dejó su tanta sed,
y la luna ya no fue
esa amada tan infiel.
Por que la vida ya lo deja
soñando con su blanca ensoñación,
y las tinieblas sólo son las quejas
de aquellos que llorando su partir…
No, no, no, no volverás,
no volverás a esas lágrimas,
jamás, jamás, jamás.
Nadie comprendió al poeta,
nadie supo de su morir,
que era la hora de hacer las maletas,
y fue la hora de escribir…
Letras, letras, letras… ¿Que no acudís?
No os olvidéis que fuisteis una parte de mí,
una rueda en la rueda de un escrito,
un examen y una meta, un estilo de vivir,
un altar como veleta, un afán por ser feliz,
donde el alma hecha raíces y es difícil su partir.
No me explico esa señora,
elegante y de postín,
sea emblema de la moda
que una noche llegó al fin.
Y tú me devorarás
junto al río de la edad,
no podré huir de ti,
ni sabré cómo volar.
Me cobrarás tantos deseos…
Recobraré mi libertad,
y así podré resucitar
aquellas lágrimas de fuego y miedo
en cuya sangre hierve el sol;
sintiendo vivo ese poder,
porque te temen sin saber
que eres la muerte sin porqué,
que no logré sobre el papel
dibujarte fiel; y si morí, y morí por ti,
fue sin querer…
Ya no hay nadie tras la estela,
se quedó sin plenitud
la llama que encendía tus sabores,
y en el árbol del ahorcado ahora estoy
a la espera de tu mano milagrosa,
la tiniebla que me haga ser la luz
de un papel sin escribir color de rosa.
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