La vida entera

Orfelunio

Poeta veterano en el portal
La vida entera

Una muchedumbre, reunida en el puente principal, esperaba la llegada del decurso… Superó la prueba, aprobó el examen. Solo tenía que presentarse; de hecho, devolvió el papel en blanco. De los diez kilómetros de tierra, con su río y su laguna, Sebastián solo era dueño, amo sin amantes, del trabajo y de la pena. Del sorprendente encuentro, preguntado el tiempo, prefiero omitir desavenencias ordenadas del mutuo egoísmo. El puente se vino abajo. Sobre la espalda el mundo y, la experiencia, seria al principio, sonrió con la inocencia primeriza que la virtud motiva. El sueño común, de amos y criados en títulos ignorantes, se apellida ausencia cuyo sentido inmediato viste a los colores de oscuro porvenir. Una noche acompaña a otra noche, bromeó la autoridad, en una alucinante desventura. Un día no es más que un día, ironizó el vasallo, reverencia de los años. Murió Sebastián de viejo, recordando, y los diez kilómetros de tierra fueron suyos, del trabajo y de la pena; de hecho, devolvió el papel en blanco y heredó la vida entera.
 
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