BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Los arrecifes inquietos
vaticinan arboladuras necias.
Complicado es alzar ahora
el brazo, asistir a su derrumbe,
enigma que adquiere sangre
en sus últimos tormentos.
Los arrecifes contactan con los
labios confusos, que el aire submarino
atrapa y anexiona, médula de todos
los vientos. Las anémonas silentes,
conciben la vida a través de sus lágrimas,
el autoestopista recibe un océano de algas.
Dos amantes rivalizan con el insensible
olvido, dos lenguas vívidas que unifican
asfaltos con remotas cavernas.
Mis brazos, amor, condenan tu olas,
y percibo el llanto como una enumeración
de botellas rotas y amianto luminoso.
Oh amor, oh amor, oh amor,
samaritana excitante, bromuro de los días
que en tu santa huella, los recibos bancarios
nos reservan!
vaticinan arboladuras necias.
Complicado es alzar ahora
el brazo, asistir a su derrumbe,
enigma que adquiere sangre
en sus últimos tormentos.
Los arrecifes contactan con los
labios confusos, que el aire submarino
atrapa y anexiona, médula de todos
los vientos. Las anémonas silentes,
conciben la vida a través de sus lágrimas,
el autoestopista recibe un océano de algas.
Dos amantes rivalizan con el insensible
olvido, dos lenguas vívidas que unifican
asfaltos con remotas cavernas.
Mis brazos, amor, condenan tu olas,
y percibo el llanto como una enumeración
de botellas rotas y amianto luminoso.
Oh amor, oh amor, oh amor,
samaritana excitante, bromuro de los días
que en tu santa huella, los recibos bancarios
nos reservan!