Darío Nervo
Poeta que considera el portal su segunda casa
Repartíamos,
pobres nuestros sueños,
vestidos y orgullosos de humildad,
alcanzaban los días
con auténtica pobreza
y descalzos de amor nos sonreíamos;
a todas partes fuimos
detrás de la ilusión de substitir,
alentados del cielo,
cubiertos de esperanza pasajera
y asidos de principios y respeto:
rendimos homenaje a lo aprendido.
Porque el pan no faltaba
en nuestra mesa,
envueltos de cariño laborioso,
deseos de crecer
como luz en la noche,
ávido sol nocturno,
solitario y amigo provinciano
que diste
tanta luz a mis silencios,
conmigo, aventurero y valeroso,
los miedos fueron nada
porque nunca,
tu ausencia tan temida se
asomaba
sino
que compañero
de las tantas
ocurrencias que tuve,
por ver abrir alegre el corazón
de perlas y topacios ,
maravilla real de ingratas penas.
Estuviste presente sin codicia
los días más dichosos,
el tiempo que sagrado te ofrecí.
Yo era adulador
de tu alma de diamante,
sabía que entrañable te apreciaba.
Corazón empapado
de toscos rechazos,
el aire
que palpita
mi agónico suspiro,
extraña grandemente
los días con tu ausencia.
Es tan corta la vida
y poca la alegría,
que no encuentro refugio en las palabras ,
Sino que mi consuelo
se escapa fugitivo de mi ser.
Racimos invernales
golpean en los suelos de ceniza;
infancia perfumada del olvido
acabo de pensar
en tus recuerdos,
¡los mismos
que llegaron con tu ausencia!
No cabe los consejos
ni halagos engañosos ,que regresen
la paz que fue arrancada con la noche.
La vida que partió a la lejanía,
el sueño soberano
del más dichoso cielo;
cariño que jamás será imitado ,
vacío que jamás se llenará...
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