Anabelle
Poeta reconocido en el portal.
La virgen Artemisa
Heme aquí
protegida de natura por grande mareas
espejismo de una antítesis dolosa
madre defensora y diosa
de la fauna hostil que nos rodea.
Vedme aquí, bajo la luz plata
del pecado pagado antes de nacer
acusando de blasfemias a los padres
fui marcada de prejuicios,
pedí al viento que me dejara subirme en él
y volar libre, pura, completamente virgen.
Tomé ninfas a mi antojo
robé placeres, sin desconocerlos
pero vagos puntos en el firmamento.
¡Todos Ellos!.
Me danzaban a gusto y antojo
lamían mis injurias
y revolcaban sus deseos a mis caprichos.
Vedme ahora
encintada por estrellas condenantes.
Fui mortal, imperiosa y amante
por suprema caí en la bajeza
de la plebe ignorante, matándolo.
Y no quería, juro que no quería;
porque después de haberlo tenido bajo
el velo de mis ojos
de saberlo esclavo de mis caprichos;
se convirtió en mis deidades místicas.
Mi penuria de mujer
no pudo más que mi orgullo de perfecta;
y mandé al aguijón a traspasarlo
sin remordimientos, pero con gran pena.
Así murió Orión,
bajo mi escorpión
y al borde de la entrepierna.
Heme aquí
protegida de natura por grande mareas
espejismo de una antítesis dolosa
madre defensora y diosa
de la fauna hostil que nos rodea.
Vedme aquí, bajo la luz plata
del pecado pagado antes de nacer
acusando de blasfemias a los padres
fui marcada de prejuicios,
pedí al viento que me dejara subirme en él
y volar libre, pura, completamente virgen.
Tomé ninfas a mi antojo
robé placeres, sin desconocerlos
pero vagos puntos en el firmamento.
¡Todos Ellos!.
Me danzaban a gusto y antojo
lamían mis injurias
y revolcaban sus deseos a mis caprichos.
Vedme ahora
encintada por estrellas condenantes.
Fui mortal, imperiosa y amante
por suprema caí en la bajeza
de la plebe ignorante, matándolo.
Y no quería, juro que no quería;
porque después de haberlo tenido bajo
el velo de mis ojos
de saberlo esclavo de mis caprichos;
se convirtió en mis deidades místicas.
Mi penuria de mujer
no pudo más que mi orgullo de perfecta;
y mandé al aguijón a traspasarlo
sin remordimientos, pero con gran pena.
Así murió Orión,
bajo mi escorpión
y al borde de la entrepierna.
Última edición:
::::