alejandro guardiola
Poeta adicto al portal
La vistieron de lirios, la ciñeron de rosas
en aquella noche tan lúgubre y larga
la llama de un cirio en mi mano temblaba
era mi esposa la que la muerte llevaba
En la lejanía sonaba una campana distante
yo de pie junto a ella mirándola lloraba
con un dolor terrible cada vez más creciente
sentía como la rabia en mi corazón explotaba
Gime el viento en la lúgubre morada
golpea la lluvia con furia los cristales
solo la veía a ella, nada me importaba
ni aunque aparecieran cien vestales
Un viaje inmortal emprende el alma
en el último sueño del que nadie vuelve
ahora en una urna descansará mi amada
y allí para siempre enterraré mi suerte
Ha llegado aquella hora tan cruel y terrible
en que todo es silencio y soledad ahora
volverás a tu casa más todo será diferente
quien te cuidará ahora y te hará de niñera
Que triste se queda el alma en esa hora terrible
cuando regresas después de enterrar a tu amada
ya nada es igual que antes, todo es diferente
que sola que se queda el alma en la madrugada
en aquella noche tan lúgubre y larga
la llama de un cirio en mi mano temblaba
era mi esposa la que la muerte llevaba
En la lejanía sonaba una campana distante
yo de pie junto a ella mirándola lloraba
con un dolor terrible cada vez más creciente
sentía como la rabia en mi corazón explotaba
Gime el viento en la lúgubre morada
golpea la lluvia con furia los cristales
solo la veía a ella, nada me importaba
ni aunque aparecieran cien vestales
Un viaje inmortal emprende el alma
en el último sueño del que nadie vuelve
ahora en una urna descansará mi amada
y allí para siempre enterraré mi suerte
Ha llegado aquella hora tan cruel y terrible
en que todo es silencio y soledad ahora
volverás a tu casa más todo será diferente
quien te cuidará ahora y te hará de niñera
Que triste se queda el alma en esa hora terrible
cuando regresas después de enterrar a tu amada
ya nada es igual que antes, todo es diferente
que sola que se queda el alma en la madrugada