Lord Visent
Poeta recién llegado
(Carne)
Escucho intrigante esa melodía,
como cualquiera escucha
con emoción lo que le maravilla,
y esta es la mía.
Quiero tatarear la, he de cantarla.
No.
Quiero oír mi tatareo,
he de escuchar mi canto.
Mi Voz no es algo bello,
pero he de preservarlo
e incluso cosificarlo
y decir: “es eso,
es mi humilde labor,
¿te canto algo?”
Me levanto del escalón
y empiezo a girar
por el salón
con mis pasos alcohólicos,
deslizo mis suelas por el suelo
mientras giro en círculos
bailando un tango caótico
desmoronándome desde mi adentro.
Interpreto artes escénicas
con movimientos torpes
curvándome a una aurea espiral,
danzando al son de tintineos
de plateados dinares
carcomidos por este clima
de soles burdeos.
Y… ¡He de expresarte,
he de hablarte como me hablo a mí!
Deseas que sea la voz cantante,
lo sé, escucha como el zenit
me baña en la luz latente
de eclipses fundidos en el mar.
…
No se produce sonido alguno,
¿cuál es mi melodía?
¿Mi aparato fonador está oculto?
Está languideciendo mi voz…
¿Qué era lo que me pedías?
Termino miro y reviso…
Solo escucho el eco
de mi adentro
y te pido,
te oigo,
te aminoro…
Resuena mi hueco.
(Sangre)
Asciende la escolopendra
desde mi inflamada garganta,
se retuerce desgarrando
de mi laringe las paredes.
¡No, no veo nada!
Mis ojos empapados de quitina
tan negra como aquella oscura
piedra de la Meca…
Salve a los Tercios, salve a la Legión,
ni sus himnos cantar puedo.
Cegado te miro a los ojos
Y te pregunto con mueca de dolor:
¿mejor así? ¿estoy bien sin la voz?
¡Aller, aller! Rodillas hincadas
al suelo, gritadme que soy vuestra,
soy vuestra puta,
¡riámonos a carcajadas!
Ruina soy entre ilustres personas,
me aprovecho de todas,
de todas ellas abuso
con mi verbal violencia.
Te tengo escarchada en mi lágrima,
e iracundo los aplasto con mi tacón
retorciéndolos contra la tierra.
“¿Qué me hacéis hacer?”
-pregunta mi ánima.
“¿Esto me regaláis?”
-me retuerzo de rencor.
“Soy mal dolor en sus carnes,
hilo hilos para luego cortarlos
sin un mínimo de benevolencia”,
Y… siempre se me pasa…
siempre el desánimo me atrapa
y me lleva con la zorra de Nostalgia
para que me convenza de volver a ella.
¿Ves como no importa la voz?
Cuando lloro solo emito gorjeos
desde mi roja garganta…
Y cuando me enfado
solo saco el odio y su apogeo.
Escucho intrigante esa melodía,
como cualquiera escucha
con emoción lo que le maravilla,
y esta es la mía.
Quiero tatarear la, he de cantarla.
No.
Quiero oír mi tatareo,
he de escuchar mi canto.
Mi Voz no es algo bello,
pero he de preservarlo
e incluso cosificarlo
y decir: “es eso,
es mi humilde labor,
¿te canto algo?”
Me levanto del escalón
y empiezo a girar
por el salón
con mis pasos alcohólicos,
deslizo mis suelas por el suelo
mientras giro en círculos
bailando un tango caótico
desmoronándome desde mi adentro.
Interpreto artes escénicas
con movimientos torpes
curvándome a una aurea espiral,
danzando al son de tintineos
de plateados dinares
carcomidos por este clima
de soles burdeos.
Y… ¡He de expresarte,
he de hablarte como me hablo a mí!
Deseas que sea la voz cantante,
lo sé, escucha como el zenit
me baña en la luz latente
de eclipses fundidos en el mar.
…
No se produce sonido alguno,
¿cuál es mi melodía?
¿Mi aparato fonador está oculto?
Está languideciendo mi voz…
¿Qué era lo que me pedías?
Termino miro y reviso…
Solo escucho el eco
de mi adentro
y te pido,
te oigo,
te aminoro…
Resuena mi hueco.
(Sangre)
Asciende la escolopendra
desde mi inflamada garganta,
se retuerce desgarrando
de mi laringe las paredes.
¡No, no veo nada!
Mis ojos empapados de quitina
tan negra como aquella oscura
piedra de la Meca…
Salve a los Tercios, salve a la Legión,
ni sus himnos cantar puedo.
Cegado te miro a los ojos
Y te pregunto con mueca de dolor:
¿mejor así? ¿estoy bien sin la voz?
¡Aller, aller! Rodillas hincadas
al suelo, gritadme que soy vuestra,
soy vuestra puta,
¡riámonos a carcajadas!
Ruina soy entre ilustres personas,
me aprovecho de todas,
de todas ellas abuso
con mi verbal violencia.
Te tengo escarchada en mi lágrima,
e iracundo los aplasto con mi tacón
retorciéndolos contra la tierra.
“¿Qué me hacéis hacer?”
-pregunta mi ánima.
“¿Esto me regaláis?”
-me retuerzo de rencor.
“Soy mal dolor en sus carnes,
hilo hilos para luego cortarlos
sin un mínimo de benevolencia”,
Y… siempre se me pasa…
siempre el desánimo me atrapa
y me lleva con la zorra de Nostalgia
para que me convenza de volver a ella.
¿Ves como no importa la voz?
Cuando lloro solo emito gorjeos
desde mi roja garganta…
Y cuando me enfado
solo saco el odio y su apogeo.