Mary Mura
Poeta veterano en el portal
La vuelta
Entró con el mi viejo equipaje en aquel cuarto de juegos y recuerdos he imaginó ver la luz que penetraba atravesando el viejo ventanal.
Olió el aroma de aquel viejo árbol vestido entero con sus hojas azuladas,
para decir te quiero en este tiempo de ausencias y distancias.
Pero no vio la luz, ni olió el perfume de aquel su viejo árbol, solo lo vio a él en penumbras con su vejez a cuesta apenas cubierto por una vieja manta, ya no reconoció a aquel viejo guerrero, que fue el valiente en juegos infantiles, su pared de contención de las penurias adolescentes, recordó aquel sillón que se hamacaba con sus intrépidas caídas.
Fue triste la realidad que él encontró ¿Dónde estaba aquel hombre que su mente guardaba? Lo que encontró fue un ser tan desvalido que lo miró sin luz en sus ojos. Casi no habló, tomó su mano con ternura y colocó en ellas su querido reloj como si él se estuviera despidiendo.
Quiso decirle que yo había vuelto, para que así recuperáramos el tiempo, pero era tarde la vida había transcurrido y el pasado como el viento en una tormenta se había llevado los recuerdos.
Así se dio cuenta que al volver el quería recuperar algo de su niñez, pero eso era imposible porque la vida pasó para los dos.
Salió del cuarto envuelto en el silencio, sus lágrimas salinas recorrían su rostro y se dio cuenta allí que nada en la vida se volvería a repetir porque el tiempo pasado ya pasó.
Mary Mura 10/10/2020
Entró con el mi viejo equipaje en aquel cuarto de juegos y recuerdos he imaginó ver la luz que penetraba atravesando el viejo ventanal.
Olió el aroma de aquel viejo árbol vestido entero con sus hojas azuladas,
para decir te quiero en este tiempo de ausencias y distancias.
Pero no vio la luz, ni olió el perfume de aquel su viejo árbol, solo lo vio a él en penumbras con su vejez a cuesta apenas cubierto por una vieja manta, ya no reconoció a aquel viejo guerrero, que fue el valiente en juegos infantiles, su pared de contención de las penurias adolescentes, recordó aquel sillón que se hamacaba con sus intrépidas caídas.
Fue triste la realidad que él encontró ¿Dónde estaba aquel hombre que su mente guardaba? Lo que encontró fue un ser tan desvalido que lo miró sin luz en sus ojos. Casi no habló, tomó su mano con ternura y colocó en ellas su querido reloj como si él se estuviera despidiendo.
Quiso decirle que yo había vuelto, para que así recuperáramos el tiempo, pero era tarde la vida había transcurrido y el pasado como el viento en una tormenta se había llevado los recuerdos.
Así se dio cuenta que al volver el quería recuperar algo de su niñez, pero eso era imposible porque la vida pasó para los dos.
Salió del cuarto envuelto en el silencio, sus lágrimas salinas recorrían su rostro y se dio cuenta allí que nada en la vida se volvería a repetir porque el tiempo pasado ya pasó.
Mary Mura 10/10/2020
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