Orfelunio
Poeta veterano en el portal
♣
Lactación
Lactación
El principio todo era oscuridad,
tiniebla que en canícula al venir,
se quebró el velo frío de la noche
con destello confín finalidad.
Comienzo en calor, ser al derretir,
consistencia de cera sin lucir
que luce en la lumbrera sin reproche,
y alumbrando en afable habilidad,
sucumbe derritiéndose en su broche
si a su flama no puede resistir.
Se inició la tradición,
que fueron todo fuegos naturales,
verbo sacrificado en la explosión.
La vida, una canción que nadie canta,
con letra si es nonada de catón,
espera sea de húmeda garganta,
y curiosa en motivo por lo tetra,
desierta vista un blanco de razón.
Una noche en ninguna,
oscura, tranquila,
ocaso de lila,
aurora de luna,
yerma de vida,
plena espesura,
blanca de día,
negra fisura,
roja de herida...
Una sombra de bruma.
Niebla de espuma,
tiembla en ternura,
la carne vestida
en la hermosura
que nada respira;
nos sonríe velada,
de luz apagada
en sol que la cuida.
Espera la vida ser razonada
en un ser de razón cierta en sí mismo,
que pregone un qué sin ser eufemismo,
y no sea palabra de habla hastiada
que sucumba en piel de algún organismo.
tiniebla que en canícula al venir,
se quebró el velo frío de la noche
con destello confín finalidad.
Comienzo en calor, ser al derretir,
consistencia de cera sin lucir
que luce en la lumbrera sin reproche,
y alumbrando en afable habilidad,
sucumbe derritiéndose en su broche
si a su flama no puede resistir.
Se inició la tradición,
que fueron todo fuegos naturales,
verbo sacrificado en la explosión.
La vida, una canción que nadie canta,
con letra si es nonada de catón,
espera sea de húmeda garganta,
y curiosa en motivo por lo tetra,
desierta vista un blanco de razón.
Una noche en ninguna,
oscura, tranquila,
ocaso de lila,
aurora de luna,
yerma de vida,
plena espesura,
blanca de día,
negra fisura,
roja de herida...
Una sombra de bruma.
Niebla de espuma,
tiembla en ternura,
la carne vestida
en la hermosura
que nada respira;
nos sonríe velada,
de luz apagada
en sol que la cuida.
Espera la vida ser razonada
en un ser de razón cierta en sí mismo,
que pregone un qué sin ser eufemismo,
y no sea palabra de habla hastiada
que sucumba en piel de algún organismo.