OMAR INOFUENTE BELLIDO
Poeta fiel al portal
El día va clareando
en el orgasmo de la tierra,
en la desembocadura
de su vientre ardiente,
como un astro mareado,
con sus dolores de espalda
y escorzos de cielo imantados,
sobre sus calles infinitas,
como ese tiempo medieval,
que se lleva aquella metamorfosis,
de pupilas escarchadas
y sandalias sin pies.
Y el silencio apenas
es un apóstol resucitado
de las bujías del tiempo,
retornos de euforia
que se van con los navíos.
Soneto nativo de calendarios
que rugen sobre sus huesos colosales,
para ver ese futuro postergado,
en el páramo de la cornisa,
del presente encendido
que como una mecha siempre está
devorándose la memoria de los caminos.
En esa gesta de utopías
e idiomas amanecidos después de la muerte,
y con los brazos de la guerra,
la sangre pintorrea
ese santuario de ladrillos anochecidos,
con la lluvia febril,
y la pólvora inaugura el dolor
en las cicatrices del tiempo,
de nuestra piel entumecida,
esparcida en las entrañas del pasado.
De cierta forma, purificados
estamos con la luna, el océano
y ese astro mareado.
Nuestras bocas sienten hambre,
y sed,
y ese tiempo medieval se llevó
nuestras dentaduras y labios,
el servicio de luz y ese interruptor barato,
vaya sociedad,
en la que nacimos
donde todo era un mercado,
de engendros monopolizados,
y hasta nuestros dioses que nos parieron
no sabían a quién atender primero.