Chrix
Poeta que considera el portal su segunda casa
Sé que no tienen alas,
no son abanicos del aire,
mis pensamientos no suman vuelo,
no conocen la sapidez del viento,
no saben del danzar pegadizo
de la hierba,
las hojas en las copas
sobre el suelo
o el ígneo aliento del sol en fulgente
bostezo.
Pero
puedo dormir en el
melódico borboteo del cielo,
en sus níveas naves,
sus peces aéreos en mareo,
soñar con sumergirme
en su garza mirada
ser un naufragio para no estar
colgado de la tierra
con tantas dunas en mis palabras,
superfluo limo acumulado,
un rompecabezas de recuerdos,
craquelados ojos,
sobre un rostro indeleble
gesticulando mudo,
ya borroso
disgregándose en mi frente,
respirado en el índice de un
aliento.
Y si fuera a alcanzarte,
arrebujado en misterio
el pausado adagio
de mi nombre acurrucado
en la crisálida de tu pecho.
Si el reloj hiciera cimbrar dentro de ti
el campanario aletargado,
que de las gravas broten pétalos,
y de los espejismos
fértiles oasis de
esperanzas,
cubrir de primavera la hamada
que pintó tus ojos de olvido,
y condenó a mis manos vacías
a llorar lo que he perdido
con lágrimas apagadas.
Si acaso me evocaras
en el gesto pánfilo del silencio,
recuerda que lejos de ti,
aventuré mi espíritu
a un frío viaje yermo
escribiendo sobre agostadas hojas
el triste crujir de nuestro invierno.
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