Lágrimas de Lucifer

Edouard

Poeta adicto al portal
Dulcificadas gotas ígneas del muy ponderado Lucifer caen a tierra firme. El ángel caído está escuálido de tanto sufrir. Su delirio se exacerba hasta cotas infinitamente inimaginables. Son perleadas charpullidas óseas. Que caen, como muy enervadas bolas de sangre, en el estanque de las lamentaciones. Lucifer está desesperado. Ya no siente odio a Dios. Al contrario. Lo ama como a un extraño. No le tiene resentimiento. Para él ya no existe dentro de su acuífero corazón. Es sólo una tétrica luz densa de mordaz vacío. Vanagloriado por unas entelequias espirituales. Más allá del claustro celestial de las novenas puertas esféricas. Las lágrimas de Lucifer retumban en el infierno. Y claman a los nocturnos cielos del amado padre Jehovah.
 
ludmila, gracias por saber apreciar esta humilde prosa. Que trata sobre los pesares del estandarte maligno hecho carne. A menudo, se desprecia a Lucifer como insidioso y mentiroso. Pero, aquí, es el esplendor obtuso de la mayestática tristeza. Llevada a cotas de un fragor deleznable y rejurjitante. Cómo Dionisos lacerado, sólo sabe apaciguarse en el entramado de un divino escepticismo mítico. Atentamente Edouard.
 

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