Sira
Poeta fiel al portal
Lágrimas vacías
Hace no mucho tiempo,
tú eras para mí
mi musa más venerada.
Mi preciosa y particular Calíope;
ataviada con pétalos de rosa
y ungida de ebúrnea,
fúlgida nieve.
Y, ¿me permites que te
cuente una cosa?
Yo no pude dejar de quererte,
aun a sabiendas de lo mucho que
dolerían mis supurantes heridas
cuando te dedicases a abrirlas
de nuevo con los puñales
de tus entelequias.
Así como tampoco pude
dejar de desearte,
ni dejar de desear
tu muerte.
Y es que me volviste del revés
y dejaste mi mundo patas arriba.
Luego, simplemente,
te marchaste sin despedirte.
Qué hermosa y altiva parece la gente
cuando sale de la habitación sin volverse,
y tú sólo puedes atisbar su perfil esquivo
desvaneciéndose vertiginosamente.
Desapareciendo como por arte de magia
en el quicio de la puerta.
Y es que puede que nunca vuelvan.
Y quién sabe si ésa será la última vez.
¿Cómo podía yo saberlo?
¿Cómo habría podido preverlo?
¿A qué caja de Pandora irán a parar
en esta ocasión mis sentimientos?
Creí que ya no sabría existir
sin el calor de tu sonrisa,
ni sin la suavidad de tu piel
apretada contra la mía.
Pero tú me has obligado
a recordar que,
hace no tanto tiempo,
así era como yo vivía.
Por tanto, eres libre de
marcharte si quieres;
pero no derrames más
lágrimas vacías.
No por un ser al que tan sólo
aprendiste a amar en tus sueños.
Hace no mucho tiempo,
tú eras para mí
mi musa más venerada.
Mi preciosa y particular Calíope;
ataviada con pétalos de rosa
y ungida de ebúrnea,
fúlgida nieve.
Y, ¿me permites que te
cuente una cosa?
Yo no pude dejar de quererte,
aun a sabiendas de lo mucho que
dolerían mis supurantes heridas
cuando te dedicases a abrirlas
de nuevo con los puñales
de tus entelequias.
Así como tampoco pude
dejar de desearte,
ni dejar de desear
tu muerte.
Y es que me volviste del revés
y dejaste mi mundo patas arriba.
Luego, simplemente,
te marchaste sin despedirte.
Qué hermosa y altiva parece la gente
cuando sale de la habitación sin volverse,
y tú sólo puedes atisbar su perfil esquivo
desvaneciéndose vertiginosamente.
Desapareciendo como por arte de magia
en el quicio de la puerta.
Y es que puede que nunca vuelvan.
Y quién sabe si ésa será la última vez.
¿Cómo podía yo saberlo?
¿Cómo habría podido preverlo?
¿A qué caja de Pandora irán a parar
en esta ocasión mis sentimientos?
Creí que ya no sabría existir
sin el calor de tu sonrisa,
ni sin la suavidad de tu piel
apretada contra la mía.
Pero tú me has obligado
a recordar que,
hace no tanto tiempo,
así era como yo vivía.
Por tanto, eres libre de
marcharte si quieres;
pero no derrames más
lágrimas vacías.
No por un ser al que tan sólo
aprendiste a amar en tus sueños.