Jesús Cáñez
Poeta que considera el portal su segunda casa
Llegando casi el invierno
sobre vanas tempestades,
recurro a mis nimiedades
mostrando mi lado tierno.
Mas nunca mi reacomodo
-si es a modo-,
me logra sacar la espada,
al contrario, es carcajada
tan sutil, si lo doy todo.
¿Que por qué hablo de este frío?
¡¿Qué no ven que estoy llorando?!
Este filo va enterrando
el puñal del amor mío,
y esta sangre que se escapa
no se tapa
por su helado corazón,
al que llora mi razón
al ser norte de mi mapa.
Sólo espero que este llanto
le carcoma la memoria;
que se largue en esta historia
con mi pena y mi quebranto;
que me olvide de sus ojos,
sus despojos,
de su cuerpo y su calor;
que me aleje de su amor
y me cure los abrojos.
sobre vanas tempestades,
recurro a mis nimiedades
mostrando mi lado tierno.
Mas nunca mi reacomodo
-si es a modo-,
me logra sacar la espada,
al contrario, es carcajada
tan sutil, si lo doy todo.
¿Que por qué hablo de este frío?
¡¿Qué no ven que estoy llorando?!
Este filo va enterrando
el puñal del amor mío,
y esta sangre que se escapa
no se tapa
por su helado corazón,
al que llora mi razón
al ser norte de mi mapa.
Sólo espero que este llanto
le carcoma la memoria;
que se largue en esta historia
con mi pena y mi quebranto;
que me olvide de sus ojos,
sus despojos,
de su cuerpo y su calor;
que me aleje de su amor
y me cure los abrojos.
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