Chris hoe
Poeta recién llegado
Como se despiden las golondrinas viajeras de los sueños contigo, este disimulo de quererte en mi pasado es grato, quiero pegarte un grito.
Estas hojas que te escribo con el alma hecha pedazos, no temo a que me pierdas, sino que tú me dejes tirado en las banquetas.
Mi corazón operado son cicatrices sin necesidad de cirugías, solo esta remendado, a ella que fue mi médico de cabecera se llevó la cura en su huida.
Seguí la estrella de los tres reyes magos, estaba tan lejos el camino quería dejar tirado el cometido, pero a la hora de llegar a sus venas me encontré: con el novio, el amante y dueño del burdel. Este cuarto rey ya estaba perdido.
En el juicio del final del cuento infantil, entre el conejo y el aprendiz, bailaban al son de los siete enanos sin derecho a mujer, yo solo deseaba buscar a la princesa del cuento, pero el requisito era ser azul y yo era de un reino gris.
Cuando cierro los ojos, la boca y mente en ese preciso momento se me atraviesa un recuerdo donde me hace llorar, se me abre la piel. Es este corazón vago que no se resigna a perderte.
La macha del traje violeta su expediente era: Cazadora de poetas, especialidad en hacer berrinches como también llegando hacer el sexo erizando los vellos; ella era master en el infierno la conocían: como la diabla de los celos.
Un rio que se seca por agua extraviada, un gato sin su gata, me dedique a escribir sobre los amores que maltratan.
La disculpa vino al final del pleito, la última canción llego en el adiós. Pero lo que nunca llego fue la reconciliación. Asesinado otra vez por la ingrata.
Un marinero sin barco, una isla sin tesoros que tenga valor. Soy un pirata declarado por el beneficio de la duda, sin mapa yo no soy explorador.
Te dedico el último suspiro que brota esta mente en agonía, esperaba que vinieras a darme el último beso, puesta esta es mi ultima despedida.
Me voy hacer feliz con todos menos contigo, ya no soporta que tires tantas piedras a mi rio.
Lamentos de la prosa más hermosa.
Estas hojas que te escribo con el alma hecha pedazos, no temo a que me pierdas, sino que tú me dejes tirado en las banquetas.
Mi corazón operado son cicatrices sin necesidad de cirugías, solo esta remendado, a ella que fue mi médico de cabecera se llevó la cura en su huida.
Seguí la estrella de los tres reyes magos, estaba tan lejos el camino quería dejar tirado el cometido, pero a la hora de llegar a sus venas me encontré: con el novio, el amante y dueño del burdel. Este cuarto rey ya estaba perdido.
En el juicio del final del cuento infantil, entre el conejo y el aprendiz, bailaban al son de los siete enanos sin derecho a mujer, yo solo deseaba buscar a la princesa del cuento, pero el requisito era ser azul y yo era de un reino gris.
Cuando cierro los ojos, la boca y mente en ese preciso momento se me atraviesa un recuerdo donde me hace llorar, se me abre la piel. Es este corazón vago que no se resigna a perderte.
La macha del traje violeta su expediente era: Cazadora de poetas, especialidad en hacer berrinches como también llegando hacer el sexo erizando los vellos; ella era master en el infierno la conocían: como la diabla de los celos.
Un rio que se seca por agua extraviada, un gato sin su gata, me dedique a escribir sobre los amores que maltratan.
La disculpa vino al final del pleito, la última canción llego en el adiós. Pero lo que nunca llego fue la reconciliación. Asesinado otra vez por la ingrata.
Un marinero sin barco, una isla sin tesoros que tenga valor. Soy un pirata declarado por el beneficio de la duda, sin mapa yo no soy explorador.
Te dedico el último suspiro que brota esta mente en agonía, esperaba que vinieras a darme el último beso, puesta esta es mi ultima despedida.
Me voy hacer feliz con todos menos contigo, ya no soporta que tires tantas piedras a mi rio.
Lamentos de la prosa más hermosa.