Chema Ysmer
Poeta que considera el portal su segunda casa
No he puesto aún cortinas en la ventana del cuarto
el marco en blanco como un hueso largo y despellejado
se ve desnudo,
hay no obstante cuadros colgados en las paredes,
los ojos de un acueducto
un camino sin vehículos ni gente,
murallas con nieve,
algunas flores que abren la boca de las macetas.
El suelo , madera en tiras cuadrangulares
con manchas de humedad en las esquinas
se ve polvoriento,
una bata duerme desmembrada
sobre el sofá que aún conserva
oquedades en el centro,
un cuerpo hace muy poco
abandonó la sala para ocupar otro espacio
otro nicho.
Mis hijas ya hace varios días que no cenan conmigo
no sé si debiera molestarme
si debiera alzar la voz
o dar una patada;
lo que sobra de la cena
sólo mi cena
lo escondo con cuidado en la nevera
su lamento constante las 24 horas
uno al fin se acostumbra
a oírlo.
Escribo, porque la tele es una herida
que no la quiero abierta,
sobre una mesa de virutas prensadas
de recuerdos difusos de una vida al aire
pero ahora es sólo eso
virutas prensadas como los papeles
que no valen y se estrujan
entre los dedos,
como los besos que no valen
y se pierden en la boca;
yo pierdo mi identidad en este aquí
rodeado de interruptores y enchufes
donde la corriente sin alas
no sangra cuando se vierte.
No he puesto aún cortinas en la ventana del cuarto
este hecho hasta ahora indiferente
hoy me causa, no sé por qué,
una niebla gris en los cristales
una vista que se detiene en el tiempo
un lapicero sin punta
que intenta escribir sin lograrlo