Largas riberas-.

BEN.

Poeta que considera el portal su segunda casa
Si en la sombra apaciguada

brota tenaz el hambre desierto

de poseer la nube o el cielo en lo remoto

altivo y esbelto, dejad el imperio del aire

sumirse en alas vengativas y materiales.


Del aire, al álamo, cuerpos y cinturas

herméticas, rotundidades y apariencias

de bosque encendido y fugaz, ufano

de su propia gloria miserable.


En los lagos inciertos del mediodía,

donde resplandecen las alas concéntricas

las diminutas complexiones de un cuerpo

largamente excluido de su informe mañana,

tú, capaz devoradora en las infamias nocturnas

que acarician cuellos desnudos o losas ínfimas,

húmedas.


Si poseer un cielo es el cuerpo lo que en su caída

nos detiene, es ejecutar una danza hostil a los labios

dorados de hechizos, volcad, las mareas y las largas

trenzas de los olvidos, sobre las tabernas radiantes

que investigan los cuerpos carbonizados.


En sus radiografías elementales, más allá

de un espíritu detenido en la altura de los lagos,

sujetos a largas e instantáneas pleamares fugitivas,

combad los desiertos y administrar la desdicha

desde el cuerpo hasta el sagrado ósculo, hasta

sagrados alimentos. La boca


misma hiere en su profundidad planetaria

hermosamente conducida hacia su final de plata

en las noches donde el río fluye incesante hasta

las fluviales riberas aunadas.

©
 

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