Carrió
José Carrió Seser
Camino, un paso, otro y otro más,
camino en brazos del ocaso
a lo largo del amplio paseo
que bordea la playa de cálidas aguas,
hasta llegar al Casino, donde,
por un trecho, el paseo acaba.
Tras el pequeño interludio,
un jardín y un malecón olvidado,
donde, entre lágrimas de herrumbre
en sus desconchados cascos,
yacen “las barcas”,
solitarias de sus amos.
Hay un halo de tristeza
mientras las luces se agostan
al compás de sus gemidos;
convertidas ya en siluetas
y meciéndose entre sombras,
me obligo a apartar la vista
para emprender el regreso.
Con la luna a mis espaldas,
contagiado de silencios,
con su nostalgia en el alma
y con su herrumbre en los huesos,
camino, un paso, otro y otro más;
deseoso de un reencuentro,
voy de retorno al hogar.
¡Quiero respirar vida!
y camino.....
camino en brazos del ocaso
a lo largo del amplio paseo
que bordea la playa de cálidas aguas,
hasta llegar al Casino, donde,
por un trecho, el paseo acaba.
Tras el pequeño interludio,
un jardín y un malecón olvidado,
donde, entre lágrimas de herrumbre
en sus desconchados cascos,
yacen “las barcas”,
solitarias de sus amos.
Hay un halo de tristeza
mientras las luces se agostan
al compás de sus gemidos;
convertidas ya en siluetas
y meciéndose entre sombras,
me obligo a apartar la vista
para emprender el regreso.
Con la luna a mis espaldas,
contagiado de silencios,
con su nostalgia en el alma
y con su herrumbre en los huesos,
camino, un paso, otro y otro más;
deseoso de un reencuentro,
voy de retorno al hogar.
¡Quiero respirar vida!
y camino.....