Qué líneas tan introspectivas, examinando casi como hace la quiromante con las líneas de las manos, así las calles, las travesías y plazas de uno mismo, de una misma. Lugares frecuentados, a veces insoslayables. Otras, repudiados. El final es inconmensurable. Hay una dejadez y desazón que marcan por encima de la temática del poema, como un vinilo flotando bajo la aguja en un vetusto tocadiscos de otra era que lo mancilla, araña y descuartiza en sonidos que se mezclan con la propia melodía. Así debe ser sin duda la canción del alma. La que ésta, si supiera, tocaría para nosotros. A veces, tan mustia como ella misma nos hace sentir, otras... vivaracha. Las calles que recorres están repletas de mendigos del alma, que le han pedido una canción que aquélla ni sabe ni quiere aprender a cantar, ni se atreve a tocarla. El alma nos pudre, pero a veces nos vuelve infinitos. Y en esa media distancia se puede aprender a vivir, como el funambulista que con la pértiga se mantiene en el único hálito de la cuerda por donde le queda vida. Sin red, a uno y otro extremo del pie, el precipicio que el mismo ha elegido sortear, porque entremedias ese puente le conduce a la satisfacción por una vida arriesgada pero llena, intensa y ovacionada.
Pero tu poema merece mucho más que mi escaso comentario, porque es un enorme recorrido por la soledad que se vuelve tiempo en esas calles ambicionadas de vida, y de rincones poblados de la ausencia de latidos. Recuerda vivamente la mirada furtiva que se va perdiendo según la razón se nubla por entre los aposentos, las viviendas, los mil escondrijos de cuerpos en que no se adivina el tuyo, ha huido, lo ha despachado el buzón del olvido a algún destinatario incierto. Me quedo con el final, que sobresale aún más que el resto. Un poema con mucha pena dentro, Nancy, lástima de tristeza, y que la belleza conservada bajo el tapón de corcho bien amartillado contra el cuello de una botella que la resguarda haya de servir para que se escriban líneas tan bellas, sí, pero detrás... la tristeza.
Te dejo un abrazo inmenso, inmenso y un beso que sé que te llega, amiga.