Las campanas, la calle y la tarde

lesmo

Poeta veterano en el portal
[…]
Si por siempre enmudecieran,
¡qué tristeza en el aire y el cielo!
¡Qué silencio en la iglesia!
¡Qué extrañeza entre los muertos!

Las campanas

Rosalía de Castro

Las campanas, la calle y la tarde

Cada tarde en el silencio
que deja a veces la tarde
un repique de campanas
inunda toda mi calle.
A la misma hora de siempre,
la hora de los fanales,
entonces el ver las caras
tiene más dificultades.
Se encierra en ese sonido
un delicado lenguaje
que cada cual interpreta
en sus interioridades.
No diré lo que me dicen
pero llegan a inquietarme,
no porque toquen a muerto
en algunos funerales.
Cuando las campanas suenan
sin conseguir alegrarme,
pienso: si se silenciaran
ni yo ni calle ni tarde.
 
Última edición:
El tañido de esas campanas ya esta tatuado en la calle y en el alma del personaje...Es un bellísimo poema!!! Felicitaciones, amigo poeta!! un abrazo
Muchísimas gracias, querido Miguel, por la amabilidad de tu comentario. Efectivamente son ya muchos años escuchándolas. De nuevo muchas gracias por la consideración a mis letras.
Un abrazo fraterno.
Salvador.
 
Un excelente romance, Salva, este al que te han dado pie esos hermosos versos de Rosalía a los que has seguido muy bien la pista.

La repetición de "tarde!" en los dos primeros versos, esa especie de quiasmo que haces ahí, me ha parecido una excelente utilización de ese recurso poético que le da un arranque magnífico al poema; este recurso lo vuelves a usar en los versos 5º y 6º con la palabra "hora" con igual fortuna. Todo el poema está imbuido de ese espíritu entre melancólico y triste que produce en el poeta el toque de las campanas al atardecer; cierras con cuatro versos finales que me han gustado especialmente.

Te dejo mi sincera felicitación por este poema.

Un abrazo.

[…]
Si por siempre enmudecieran,
¡qué tristeza en el aire y el cielo!
¡Qué silencio en la iglesia!
¡Qué extrañeza entre los muertos!

Las campanas

Rosalía de Castro

Las campanas, la calle y la tarde

Cada tarde en el silencio
que deja a veces la tarde
un repique de campanas
inunda toda mi calle.
A la misma hora de siempre,
la hora de los fanales,
entonces el ver las caras
tiene más dificultades.
Se encierra en ese sonido
un delicado lenguaje
que cada cual interpreta
en sus interioridades.
No diré lo que me dicen
pero llegan a inquietarme,
no porque toquen a muerto
en algunos funerales.
Cuando las campanas suenan
sin conseguir alegrarme,
pienso: si se silenciaran
ni yo ni calle ni tarde.
 
Última edición:
¡Hola Salvador! Me ha gustado mucho el clima con el que envuelves al lector desde el comienzo, trasladándolo a una atmósfera en donde se respiran poéticas inquietudes existencialistas. ¡Te hago llegar mi fuerte abrazo, con mis felicitaciones por esta nueva muestra de tu lirismo!
 
[…]
Si por siempre enmudecieran,
¡qué tristeza en el aire y el cielo!
¡Qué silencio en la iglesia!
¡Qué extrañeza entre los muertos!

Las campanas

Rosalía de Castro

Las campanas, la calle y la tarde

Cada tarde en el silencio
que deja a veces la tarde
un repique de campanas
inunda toda mi calle.
A la misma hora de siempre,
la hora de los fanales,
entonces el ver las caras
tiene más dificultades.
Se encierra en ese sonido
un delicado lenguaje
que cada cual interpreta
en sus interioridades.
No diré lo que me dicen
pero llegan a inquietarme,
no porque toquen a muerto
en algunos funerales.
Cuando las campanas suenan
sin conseguir alegrarme,
pienso: si se silenciaran
ni yo ni calle ni tarde.
Gran poema! Un placer pasar.
Gracias por compartir. Saludos.
 
[…]
Si por siempre enmudecieran,
¡qué tristeza en el aire y el cielo!
¡Qué silencio en la iglesia!
¡Qué extrañeza entre los muertos!

Las campanas

Rosalía de Castro

Las campanas, la calle y la tarde

Cada tarde en el silencio
que deja a veces la tarde
un repique de campanas
inunda toda mi calle.
A la misma hora de siempre,
la hora de los fanales,
entonces el ver las caras
tiene más dificultades.
Se encierra en ese sonido
un delicado lenguaje
que cada cual interpreta
en sus interioridades.
No diré lo que me dicen
pero llegan a inquietarme,
no porque toquen a muerto
en algunos funerales.
Cuando las campanas suenan
sin conseguir alegrarme,
pienso: si se silenciaran
ni yo ni calle ni tarde.
puedo escucharlas en voz alta, saludos salva
 
[…]
Si por siempre enmudecieran,
¡qué tristeza en el aire y el cielo!
¡Qué silencio en la iglesia!
¡Qué extrañeza entre los muertos!

Las campanas

Rosalía de Castro

Las campanas, la calle y la tarde

Cada tarde en el silencio
que deja a veces la tarde
un repique de campanas
inunda toda mi calle.
A la misma hora de siempre,
la hora de los fanales,
entonces el ver las caras
tiene más dificultades.
Se encierra en ese sonido
un delicado lenguaje
que cada cual interpreta
en sus interioridades.
No diré lo que me dicen
pero llegan a inquietarme,
no porque toquen a muerto
en algunos funerales.
Cuando las campanas suenan
sin conseguir alegrarme,
pienso: si se silenciaran
ni yo ni calle ni tarde.

Me han traído muchos recuerdos esas campanas y esos distintos sonidos para dar noticias al pueblo en un lenguaje propio.

Un placer de lectura.
Saludos.
 
Un excelente romance, Salva, este al que te han dado pie esos hermosos versos de Rosalía a los que has seguido muy bien la pista.

La repetición de "tarde!" en los dos primeros versos, esa especie de quiasmo que haces ahí, me ha parecido una excelente utilización de ese recurso poético que le da un arranque magnífico al poema; este recurso lo vuelves a usar en los versos 5º y 6º con la palabra "hora" con igual fortuna. Todo el poema está imbuido de ese espíritu entre melancólico y triste que produce en el poeta el toque de las campanas al atardecer; cierras con cuatro versos finales que me han gustado especialmente.

Te dejo mi sincera felicitación por este poema.

Un abrazo.
Querido Juan Ramón:
Con bastante retraso respondo a tu amabilísimo comentario para dejarte mi agradecimiento por lo que viertes en él. Celebro enormemente que estas letras hayan resultado de tu agrado y también celebro que esas repeticiones las hayas encontrado adecuadas.
Con todo afecto, un abrazo fraterno.
Salva.
 
¡Hola Salvador! Me ha gustado mucho el clima con el que envuelves al lector desde el comienzo, trasladándolo a una atmósfera en donde se respiran poéticas inquietudes existencialistas. ¡Te hago llegar mi fuerte abrazo, con mis felicitaciones por esta nueva muestra de tu lirismo!
Muchísimas gracias, querido Ariel, por la lectura y el amable comentario que dejas en esta propuesta mía. Me alegra muchísimo que hayas percibido con tu sensibilidad esa atmósfera que me comentas. Ciertamente eso es lo que se produce siempre a la misma hora de la tarde en esa calle y en mi estado de ánimo.
Recibe un abrazo muy fuerte, querido amigo, con todos mis afectos.
Salvador.
 
Me ha parecido muy filosófico, pero también inquietante. Una buena combinación de romanticismo y experiencia. Un romance fenomenal. He disfrutado mucho de su lectura, de su calma contenida. Un saludo
Un gran placer, estimado Miquel, recibir este comentario tuyo. Muchas gracias por la lectura y estas palabras amables, y por esa sensible interpretación de mis letras.
Afectuosamente, un saludo muy cordial.
Salvador.
 

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