Las caras de mi ennegrecido cielo

danie

solo un pensamiento...
Vuela la nave escueta de la vida:
horas de arena, reloj sin andar,
tiempo muerto en un lecho sin soñar,
son las gamas de gloria entumecida.

En mis mañanas ya no habrá cabida
para el futuro eximio de mi hogar;
los marchitos anuarios al pasar
me traen la nostalgia arrepentida.

La alborada se estrella en mi ventana,
sobre el dintel de este triste mundo,
se rompe como frágil porcelana.

El horizonte muere en lo profundo
y mi suerte, campaña muy lejana,
se enluta en cada agónico segundo.


Así las sombras llegan con sus llaves
que abren puertas, lumbreras y fallebas
de un mirador oscuro sobre glebas
y albores sin el canto de las aves.

Con sus notas fatídicas y graves

inunda a mis memorias más longevas
extirpando las épocas mancebas
de mi mustia vidorra y sus derrabes.

Maldita es la presencia de los hados
que muelen mi celaje en su mortero
de sueños con anhelos machucados.

Ciegos, pero no sabios como Homero,
son los dioses que juegan a los dados
por la vencida sangre del cordero.
 
Última edición:
Vuela la nave escueta de la vida:
horas de arena, reloj sin andar,
tiempo muerto en un lecho sin soñar,
son las gamas de gloria entumecida.

En mis mañanas ya no habrá cabida
para el futuro eximio de mi hogar;
los marchitos anuarios al pasar
me traen la nostalgia arrepentida.

La alborada se estrella en mi ventana,
sobre el dintel de este triste mundo,
se rompe como frágil porcelana.

El horizonte muere en lo profundo
y mi suerte, campaña muy lejana,
se enluta en cada agónico segundo.


Así las sombras llegan con sus llaves
que abren puertas, lumbreras y fallebas
de un mirador oscuro sobre glebas
y albores sin el canto de las aves.

Con sus notas fatídicas y graves

inunda a mis memorias más longevas
extirpando las épocas mancebas
de mi mustia vidorra y sus derrabes.

Maldita es la presencia de los hados
que muelen mi celaje en su mortero
de sueños con anhelos machucados.

Ciegos, pero no sabios como Homero,
son los dioses que juegan a los dados
por la vencida sangre del cordero.

Excelentes sonetos, estimado Danie, tienen mi Apto.
Un cordial saludo.
 
Vuela la nave escueta de la vida:
horas de arena, reloj sin andar,
tiempo muerto en un lecho sin soñar,
son las gamas de gloria entumecida.

En mis mañanas ya no habrá cabida
para el futuro eximio de mi hogar;
los marchitos anuarios al pasar
me traen la nostalgia arrepentida.

La alborada se estrella en mi ventana,
sobre el dintel de este triste mundo,
se rompe como frágil porcelana.

El horizonte muere en lo profundo
y mi suerte, campaña muy lejana,
se enluta en cada agónico segundo.


Así las sombras llegan con sus llaves
que abren puertas, lumbreras y fallebas
de un mirador oscuro sobre glebas
y albores sin el canto de las aves.

Con sus notas fatídicas y graves

inunda a mis memorias más longevas
extirpando las épocas mancebas
de mi mustia vidorra y sus derrabes.

Maldita es la presencia de los hados
que muelen mi celaje en su mortero
de sueños con anhelos machucados.

Ciegos, pero no sabios como Homero,
son los dioses que juegan a los dados
por la vencida sangre del cordero.





Bellos sonetos encadenados amigo Danie;

Que con razón han pasado el apto. Te deseo suerte.

Un abrazo.

Miguel Angel.
 
Muy brillantes y bien logrados sonetos, ha sido un placer disfrutar de tu bella pluma, saludos cordiales estimado poeta.
 

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