Aguila Albina.
Poeta recién llegado
Con gran gallardía y porte principesco
lució su corona, aunque fuese humilde cesto,
que loco era pensaban, pero tenía un pretexto:
sea sangre azul de rey, un noble pintoresco
o el rojo ordinario de un simple mancebo,
que trono herede, por linaje y derecho
o lo conquiste, por fuerza y por hecho,
de oro una tiara o un pañuelo añejo
en la cabeza de un hombre, grande o pequeño,
le son tan naturales como orejas de conejo,
que por tenerle en sus sienes, vive atónito y perplejo.
Así son ridículas, por común acierto
las coronas de un rey, ilustre y caballeresco,
como un joven demente, con su cabeza en un cesto.
lució su corona, aunque fuese humilde cesto,
que loco era pensaban, pero tenía un pretexto:
sea sangre azul de rey, un noble pintoresco
o el rojo ordinario de un simple mancebo,
que trono herede, por linaje y derecho
o lo conquiste, por fuerza y por hecho,
de oro una tiara o un pañuelo añejo
en la cabeza de un hombre, grande o pequeño,
le son tan naturales como orejas de conejo,
que por tenerle en sus sienes, vive atónito y perplejo.
Así son ridículas, por común acierto
las coronas de un rey, ilustre y caballeresco,
como un joven demente, con su cabeza en un cesto.