Delgadas y sombrias, caminaban
mis tias. Escondidas en el humo
de cada cigarrillo, devoraron
los a~os; quince, veinticinco, treinta.
Los amores llegaron y se fueron.
El terco de mi abuelo les corria
la esperanza, no conocieron nunca
la desnudes del beso, ni tampoco
entregaron sus rosas florecidas.
Y despues que sintieron su jardin
apagado, nerviosas meditaban
rondando en la cocina, preguntando
hacia donde se fueron sus anhelos.
Yo las mire de nino, pensativas
y solas, contemplando en la distancia
sus deseos hundidos, en el pozo
cristalino del alma siempre virgen.
Y volaban sus ojos en la sombra
del dia, como vuelan las cotorras
en los pinares altos, y en las noches
lloraban, como lloran las princesas
recostadas y tristes en sus sabanas
blancas...
german g