sergio Bermúdez
Poeta que considera el portal su segunda casa
Las diosas de la libertad,
se hicieron en la llama de vapor
en el alma de una flor
se hicieron los pétalos
en el sueño de un reflejado tiempo.
Se intentó llegar al alba
desde la luna blanca
al sueño de una rosa,
se invento el amor
y se hicieron las amapolas blancas.
Se trasladó el entusiasmo
y llovieron los claveles
a las sabanas de algodón
se sumaron los deseos
y llegó todo su amor.
Se apagó el fuego
pero se revivió su corazón
unos andan en la noche
otros se les presentó su ardor.
No se quieren perder los pétalos
a otros les cantó la luz del sol,
se subieron los perfumes
en las venas de un corazón.
Se les supo alegrar
a las diosas de la libertad
se les subió su pedestal
a donde las sonrisas
se hicieron con su buen mirar.
Adentrándose en las pupilas
les quedó la magia
se empezó a subir su mar
entre su espalda
la lisa distribución
de su compañera y calma.
Les quedó el néctar de su luz,
las palabras hablan
y los pajarillos cantan.
Se les adentró el color
de las sonrisas que entonan
para llegar a su posición
y a las esmeraldas tocan
de ver su paisaje en velas
de llegar a donde la luna
queda entre sus miradas altas,
porque no se apagó su iluminada estrella
esa que a los besos pintan desde
sus coloreadas puntas
de un horizonte en cera
que a las diosas liberan
entre sus lluvias de suspiros
y de sus zonas que decoran
a sus capas de lana
y a sus pieles de hadas
que las canciones dan vida
con sus libres vivencias
que a las historias convencen
y a las miradas hablan.
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