Las doce y yo en el Bar

Chepeleon Arguello

Poeta veterano en el Portal
LAS DOCE Y YO EN EL BAR

Las doce, y yo, en el bar de siempre. El mesero muy elegante viene y pregunta; ¿Qué desea tomar el Señor?
En mi imaginación desesperada, los sentimientos incitados por la interrogación del mesero, brincan y juegan con los recuerdos.
...Y quisiera tomar el cuerpo de la mujer que yo, amo, acariciarla como a ella le gusta y hacerle el sexo, con ganas rezagadas en su adiós y mi añoranza. Pero ella, no está en el menú, me rindo a esta cruel realidad; Una taza de café.
Las doce y diez minutos. El café servido se enfría. El tiempo juega, enmudece los segundos y se marcha entre la taza de café, el azúcar, la cuchara y el tic, tic, de mi corazón.
Me espanta la posibilidad real de su ausencia la desolación confrontando mi silencio, y este sentimiento no experimentado de pérdida que me corroe el sueño, y la proyección de su recuerdo como una mancha de tristeza en el techo de esta realidad que quiso ser una fantasía, su adiós inesperado y mi silencio asustado al perderla.
La una con treinta minutos en el reloj de pared; ¡Mesero! Otra taza de café y un paquete de cigarrillos por favor.
Hora y media de espera. El mesero vuelve a llegar, me queda viendo, no dice nada, sonríe. ¿Se estará burlando de mí? Creo que con los ojos me insinúa que no vendrá, y que me ha dejado pifiado. Entonces pienso, que quizás tenga razón. Le pregunto la hora, miento al no darle importancia a esta espera y comento con él; Se habrá quedado a trabajar hasta tarde; ¡Aja...! –dice en tono de desaire y vuelve a sonreír, esta vez con malicia.
–¿Otra taza de café Señor?
Su invitación me suena a bofetada, a insulto gratuito, y le digo que no. El mesero limpia con movimientos mecánicos las colillas de cigarrillos del cenicero y se marcha con su mirada ingrata, testigo de mi desdicha, material de sus burlas.
Al otro extremo del bar, cuchichea con sus compañeros, me observan de reojo y se ríen de mí sin compasión los desgraciados.
Trato de no pensar en Ella en este momento, en esta realidad inmerecida e inesperada que se aferra con locura a lo imposible. Entonces me enojo, agarro mis cigarros, mi orgullo mancillado; ¡Mesero, mesero! –le grito–. La cuenta por favor; Cuatro tazas de café, un paquete de cigarrillo. La risita burlona de los meseros, y la vergüenza al sentirme plantado. El tic-tac del pendejo reloj en la pared, no le pongo atención. Ya no viniste, son las dos de la tarde, me voy triste y no le dejó propina al mesero.
 
Vaya!
lindo escrito, muy sentimental...
Sabes? aunque no sea hombre, te hace sentir lo que describen tus buenas lineas...Très bien, monsieur!
 
LAS DOCE Y YO EN EL BAR

Las doce, y Yo, en el bar de siempre. El mesero muy elegante viene y pregunta:
― ¿Qué desea tomar el Señor?
En mi imaginación desesperada, los sentimientos incitados por la interrogación del mesero, brincan y juegan con los recuerdos.
...Y quisiera tomar el cuerpo de la mujer que Yo, amo, acariciarla como a ella le gusta y hacerle el sexo, con ganas rezagadas en su adiós y mi añoranza. Pero ella, no está en el menú, me rindo a esta cruel realidad.
― Una taza de café.
Las doce y diez minutos. El café servido se enfría. El tiempo juega, enmudece los segundos y se marcha entre la taza de café, el azúcar, la cuchara y el tic, tic, de mi corazón.
Me espanta la posibilidad real de su ausencia la desolación confrontando mi silencio, y este sentimiento no experimentado de pérdida que me corroe el sueño, y la proyección de su recuerdo como una mancha de tristeza en el techo de esta realidad que quiso ser una fantasía, su adiós inesperado y mi silencio asustado al perderla.
La una con treinta minutos en el reloj de pared.
― ¡Mesero! Otra taza de café y un paquete de cigarrillos por favor.
Hora y media de espera. El mesero vuelve a llegar, me queda viendo, no dice nada, sonríe. ¿Se estará burlando de mí? Creo que con los ojos me insinúa que no vendrá, y que me ha dejado pifiado. Entonces pienso, que quizás tenga razón. Le pregunto la hora, miento al no darle importancia a esta espera y comento con él:
― Se habrá quedado a trabajar hasta tarde.
― ¡Aja...! –dice en tono de desaire y vuelve a sonreír, esta vez con malicia
–. ¿Otra taza de café Señor?
Su invitación me suena a bofetada, a insulto gratuito, y le digo que no. El mesero limpia con movimientos mecánicos las colillas de cigarrillos del cenicero y se marcha con su mirada ingrata, testigo de mi desdicha, material de sus burlas.
Al otro extremo del bar, cuchichea con sus compañeros, me observan de reojo y se ríen de mí sin compasión los desgraciados.
Trato de no pensar en Ella en este momento, en esta realidad inmerecida e inesperada que se aferra con locura a lo imposible. Entonces me enojo, agarro mis cigarros, mi orgullo mancillado.
― ¡Mesero, mesero! –le grito–. La cuenta por favor.
― Cuatro tazas de café, un paquete de cigarrillo. La risita burlona de los meseros, y la vergüenza al sentirme plantado. El tic-tac del pendejo reloj en la pared, no le pongo atención. Ya no viniste, son las dos de la tarde, me voy triste y no le dejo propina al mesero.

Una agónica espera que desespera en el tic tac del reloj perfectamente transmitida por tu pluma compañero, que nos llevó a ese bar, al humo burlón del cigarrillo, y al dibujo de la ausencia.

un cordial saludo
 
..."curiosidad"..único motivo... y encontre tan genial escrito .. la narración: atrae y embelesa los sentidos, no había encontrado algo parecido hasta ahora ..siga compartiendo, que sin duda seguire cada una de sus líneas.
..Flor de oro (aún irritada por las risas burlonas ..)
 
LAS DOCE Y YO EN EL BAR

Las doce, y Yo, en el bar de siempre. El mesero muy elegante viene y pregunta:
― ¿Qué desea tomar el Señor?
En mi imaginación desesperada, los sentimientos incitados por la interrogación del mesero, brincan y juegan con los recuerdos.
...Y quisiera tomar el cuerpo de la mujer que Yo, amo, acariciarla como a ella le gusta y hacerle el sexo, con ganas rezagadas en su adiós y mi añoranza. Pero ella, no está en el menú, me rindo a esta cruel realidad.
― Una taza de café.
Las doce y diez minutos. El café servido se enfría. El tiempo juega, enmudece los segundos y se marcha entre la taza de café, el azúcar, la cuchara y el tic, tic, de mi corazón.
Me espanta la posibilidad real de su ausencia la desolación confrontando mi silencio, y este sentimiento no experimentado de pérdida que me corroe el sueño, y la proyección de su recuerdo como una mancha de tristeza en el techo de esta realidad que quiso ser una fantasía, su adiós inesperado y mi silencio asustado al perderla.
La una con treinta minutos en el reloj de pared.
― ¡Mesero! Otra taza de café y un paquete de cigarrillos por favor.
Hora y media de espera. El mesero vuelve a llegar, me queda viendo, no dice nada, sonríe. ¿Se estará burlando de mí? Creo que con los ojos me insinúa que no vendrá, y que me ha dejado pifiado. Entonces pienso, que quizás tenga razón. Le pregunto la hora, miento al no darle importancia a esta espera y comento con él:
― Se habrá quedado a trabajar hasta tarde.
― ¡Aja...! –dice en tono de desaire y vuelve a sonreír, esta vez con malicia
–. ¿Otra taza de café Señor?
Su invitación me suena a bofetada, a insulto gratuito, y le digo que no. El mesero limpia con movimientos mecánicos las colillas de cigarrillos del cenicero y se marcha con su mirada ingrata, testigo de mi desdicha, material de sus burlas.
Al otro extremo del bar, cuchichea con sus compañeros, me observan de reojo y se ríen de mí sin compasión los desgraciados.
Trato de no pensar en Ella en este momento, en esta realidad inmerecida e inesperada que se aferra con locura a lo imposible. Entonces me enojo, agarro mis cigarros, mi orgullo mancillado.
― ¡Mesero, mesero! –le grito–. La cuenta por favor.
― Cuatro tazas de café, un paquete de cigarrillo. La risita burlona de los meseros, y la vergüenza al sentirme plantado. El tic-tac del pendejo reloj en la pared, no le pongo atención. Ya no viniste, son las dos de la tarde, me voy triste y no le dejo propina al mesero.
Esta muy bueno eh! Está como para una escena de Tv, pero de esas que te ponen de melón los testes e incitan a los espectadores varones a romper la Tv de la rabia! Te aconpaño en tu dolor poeta, aunque no sepa si fue basado en un real o solamente en un sueño de desventura!
 
Don Chepeleon,
la corpo nunca le agradeció suficientemente sus comentarios siempre tan gentiles.

Ahora nos damos cuenta que nos unen muchas cosas. Nosotros también estamos hasta las doce y más de la noche en el bar. Al contrario de usted lo que nos pasa es que se nos calientan las birras pero yo creo que podemos entendernos.

Un abrazo

DELIRIUM
 
buen escrito don chepe leon
una narrativa que al comenzar
a leer te absorbe y quieres saber mas ...
si acaso una pequeña critica no me gusto
el final...
mil respetos señor ...
 
Méndigo mesero burlón, menos mal que no hubo propina!
aunque a veces creo, cuando uno se siente "plantado" y por lo mismo enojado, que todo lo que no sucede lo recreamos y eso causa que nos enojemos más, es decir, tal vez el mesero ni idea!!! y como quiera quedó sin propela... jajaja...
y sí, eso pasa...
un gusto leer el plantón!!!
 
Excelente.
Tu escrito me ha atrapado desde las primeras lineas.
Hay tantos detalles sobre el abanico de sentimientos que experimentas y lo relatas con tal precisión.
Yo me hubiera follado al mesero, pero eso ya es harina de otro costal.

Eres genial.

Un muerdazo.
cr
 
es que cuando alguien espera y fum cigarro y se hace el tiempo largo fuma un cigarro tras otro pero lo triste fue que no llego sendo embarke cosa que me a pasado xD Un placer haberlo leido saludos
 
Que bien se lo merecia no dejarle propina..Hoy tú, mañana él¿se piensa que esta libre de toda condena? Me has puesto contra el mesero Chepe, tan bien relatada tu historia, lograste meterme dentro.Triste pero mas real de lo que se piensa...una experiencia más.Buienas letras amigo...muy bien llevadas.
Un abrazo inmenso
Ximena
 
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Poemas, publicados como mímino un año antes del mes de valoración que en su día pasaron desapercibidos y no fueron premiados; o poemas que fueron publicados en foros que no son objeto de valoración por el jurado. Se seleccionan y otorgan por la administración entre las propuestas que hagan los ojeadores y, a falta de estos, entre las propuestas que podrán realizar moderadores, jurados, usuarios o a criterio de la propia administración.



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Mamen: Muchas gracias por este reconocimiento, me inspira a compartir más material, se aprecia y agradece.
Un fuerte abrazo
 
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